La oscuridad del México caribe

Cuando se vende droga en los bares de vara y guano ‘mayas’ de Tulum, las patrullas policiales andan por allí. Dueños, clientes y consumidores saben que todos cursan en la misma ruta. Las playas apestan a lo mismo: vicio, crimen y complicidad política. En los penales para adultos y menores del Caribe la delincuencia organizada impone reglas de custodia y de gestión, y mata y castiga a quienes no las obedecen o juegan en el ‘otro bando’. En Chetumal proliferan la versión y los videos y las imágenes violentas sobre el grupo sonorense que se impone y que la autoridad deja hacer. Y en la Avenida Maxuxac, al hilo de la medianoche sabatina, un establecimiento está colmado de gente que hace fila hasta la calle. “Cada día son más los creyentes de la ‘santa muerte'”, dice un taxista. “Aquí venden toda clase de artículos y cosas para celebrarla”, dice, cuando irrumpen las notas de un mariachi que ameniza la fiesta a la deidad del ‘narco’ en las inmediaciones de uno y otro día. Aúllan las patrullas de la noche. La violencia ronda en los alrededores. El modo de vivir es el mismo de saber que se vive a la deriva de la suerte de cada cual. Porque la autoridad y la ley no se advierten en la oscuridad tomada por el hampa. Porque no hay coagulación social y el entorno se lumpeniza en una demografía caótica y una ingobernabilidad absoluta donde no hay mérito público ni iniciativa de poder político que valga. Crecen la corrupción, el crimen y los rituales de la ‘santa muerte’.

SM

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