La renuncia del Fiscal

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Signos

Conviene a Claudia, a Trump y a Adán Augusto.

Alejandro Gertz era un estorbo en la campaña binacional anticrimen.

Se requería, en efecto (en el caso: para Estados Unidos y para México), una pinza de unidad y sin fisuras entre el control de la política interior, de la Seguridad civil, de la autoridad ministerial y del poder militar. (Ya llega el cambio en la política exterior, cuyo Canciller De la Fuente ha sido un cero a la izquierda).

En la dinámica, el poderoso y ladino e impune jefe de la mayoría del Senado, Adán Augusto López, a quien el exFiscal amenazaba (y cuyas amenazas vertía por canales de opinión pública ‘amigos’) con indagatorias punitivas sobre su tan mediáticamente denunciado entorno delictivo -oscuros adversarios que han usado el ‘fuego amigo’ dentro del obradorismo para eliminarse, batalla que por fin ha ganado el Senador-, ha puesto el instrumento de la aprobación parlamentaria para el relevo apacible en la Fiscalía federal -si bien mediante una maniobra indebida en términos constitucionales porque se viola la condición de causa extrema en el cambio de su titularidad cuando el ahora exFiscal será nombrado Embajador, lo cual niega tal motivación de causa extrema- a cambio de un blindaje que lo salva de alguna potencial ‘carpeta de investigación’, pero lo expone dentro de un espectro legal vulnerable y donde la Presidenta Sheinbaum, también enemiga suya dentro del obradorismo donde ella se impuso en las preferencias sucesorias de Andrés Manuel y contra las inconformidades manifiestas y nunca disimuladas por el tabasqueño ‘hermano’ del ahora exPresidente, tiene, en la campaña anticrimen, el respaldo ‘americano’, y cuando Omar García Harfuch, el personaje más influyente y eficaz de la Presidencia, es también el menos obradorista de sus colaboradores y del equipo anticrimen que comanda -ahora más unificado que nunca con la expulsión de Gertz y cuando la nueva Fiscal y exConsejera presidencial, Ernestina Godoy, con quien hizo similar mancuerna en el Gobierno claudista de la Ciudad de México, no es un personaje público de alta celebridad- y donde es el interlocutor esencial con el poder coercitivo estadounidense.

Es, pues, el nuevo destino de quien será nombrado Embajador de Mexico en Berlín, un bálsamo presidencial en días aciagos que no encontraban oxígeno ninguno fuera de la empecinada propaganda contra el enemigo de la derecha y de la ultraderecha, culpable de la mala suerte del pueblo mexicano. Una pócima cocinada con marrullería política y constitucional en la cocina de la regeneración moral. Pero un remedio emergente y necesario, al fin.

SM

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