Entre la guerra y la paz (cuatro puntos suspensivos)

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Signos

Por Salvador Montenegro

I. ¿Pero acaso el liderazgo ucraniano que aspira a la incorporación de su país a la OTAN -en violación de los acuerdos que lo prohíben y cuando el trauma del secesionismo postsoviético se desborda en una crisis histórica incurable- es mejor que los prorrusos que denuncian la segregación y el maltrato del Estado contra los territorios y sus amplios sectores separatistas cuya independencia ha sido reconocida por la Federación rusa?

II. ¿Desde cuándo los intervencionismos de Estados Unidos y sus aliados europeos de la OTAN son tan justos y tan pacifistas como se pondera en los grandes corporativos mediáticos occidentales?

III. Putin puede tener toda la mala fama de las tradiciones antidemocráticas -o ajenas al liberalismo occidental- de las naciones exsoviéticas. Pero es también el líder ruso más popular y legítimo de la historia, el que en apenas dos décadas levantó a su pueblo de las ruinas de la URSS y ha modernizado a su nación hasta dotarla de un poderío de superpotencia, y quien se ha convertido en el principal dique y en el interlocutor más importante para el equilibrio global, frente al hegemonismo estadounidense.

IV. Mientras más polarizados el mundo y sus verdades, más relativa objetividad y buen juicio requiere su entendimiento, para una también más justa, equilibrada y duradera solución de sus conflictos (si fuera realizable la utopía).

SM

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