La crisis del agua en Tamaulipas es resultado no sólo de la sequía de más de tres años sino también de la desidia de las autoridades que han detenido las obras de reparación de las presas

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Los focos rojos se encendieron desde mediados de 2019, cuando el Monitor de Sequía de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) dio a conocer que la falta de lluvias en el 64 por ciento del territorio de Tamaulipas había provocado la muerte de cientos de reses y que más de 40 mil hectáreas dejaran de sembrarse por falta de humedad. Asociaciones como Ciudadanos en Acción por México indicaron entonces que a causa del crecimiento poblacional e industrial se incrementó la demanda del agua, por lo que debían tomarse acciones urgentes para evitar una crisis severa de agua potable que se agudizaría en 2030. Sin embargo, casi dos años después esa crisis ya se hizo presente ante la apatía de las autoridades, quienes nunca tuvieron intención de prevenir el problema. Hoy miles de ciudadanos, principalmente de la zona sur de la entidad, padecen la falta del vital líquido, mientras las plantas purificadoras han incrementado sus precios y limitado la compra por persona. Y las temperaturas más altas del año aún están por llegar.

Javier Ramírez

A principios del pasado mes de febrero empresarios y especialistas de Tamaulipas advirtieron que debido a la falta de lluvias y a la alta salinidad de las lagunas los habitantes del sur del Estado estarían teniendo en las siguientes semanas un problema de escasez de agua.

Entonces, reprocharon que los diputados federales no intervinieran para atraer los recursos necesarios para atender esta situación a tiempo.

Finalmente, la crisis estalló a principios del presente mes de mayo, cuando ciudades como Tampico, Madero, Victoria y Altamira comenzaron a padecer la falta de agua dulce. En cuestión de horas las distribuidoras de agua purificada vieron incrementada la demanda, lo que supuso también el aumento de los precios en casi 50 por ciento, sin que ninguna autoridad ponga orden en el abuso de los mismos.

Ahora grupos ambientalistas han pedido la declaratoria de emergencia, pues la crisis está afectando tanto la vida humana como la biodiversidad y los cultivos en el sur de la entidad.

La advertencia

En 2019, estudios de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) indicaron que las principales ciudades de Tamaulipas sufrirían una crisis severa en materia de agua potable para el año 2030, debido a la inoperancia de las redes de distribución, por presentar grandes pérdidas de agua y por la falta de cobertura, lo que afectará a más de un millón de habitantes, principalmente en las poblaciones de la frontera sur.

Ante la advertencia, el Gobierno del Estado informó que destinaría más de 600 millones de pesos para mejorar la distribución del agua potable. Afortunadamente, ese año tormentas tropicales como “Ferdinand” ayudaron a aumentar los niveles de lagunas y presas, pero sólo se trató de un paliativo.

A principios de febrero de este año, el Consejo de Instituciones Empresariales del sur de Tamaulipas adelantó que la población y las empresas podrían quedarse sin abasto de agua potable para marzo, debido a que el campo de agua que abastece del líquido a la zona metropolitana de Tampico presentaba un mínimo de 44 centímetros de fondo, por el periodo de estiaje y las fugas en el dique Camalote, que por atajos burocráticos de la Comisión Nacional de Agua no ha sido rehabilitado, a pesar de que la Conagua destinó 35 millones de pesos para su restauración.

José Refugio Delgado, desarrollador de proyectos hidráulicos, destacó que hasta hace 20 años la zona sur de Tamaulipas tenía un escurrimiento de 2 mil 700 millones de metros cúbicos, de los que 40% se pierden anualmente ante la falta de infraestructura hidráulica.

El Gobierno del Estado y la Conagua anunciaron a finales de marzo una inversión conjunta de 80 millones de pesos para la rehabilitación de presas, en beneficio de 850 mil habitantes tanto de Tamaulipas como del norte de Veracruz. Indicaron, además, que el sistema lagunario contaba con agua suficiente para abastecer a la población de la zona sur de Tamaulipas.

Descienden los espejos de agua

Para el mes de abril, la situación había empeorado, pues el nivel del agua de las lagunas había bajado drásticamente, provocando la mortandad de los peces y por lo tanto la caída de la actividad pesquera.

Mario Alberto Reséndiz Narváez, ambientalista e ingeniero en Geociencias, señaló que la Laguna del Champayán, en los límites de Tampico y Altamira, tenía ya escasos 50 centímetros de espejo de agua, lo que estaba forzando a extraer agua salada.

Por su parte, el biólogo Sergio García Sandoval, integrante del Consejo Ciudadano del Agua del Estuario del Río Pánuco expuso que Tamaulipas contaba ya con 42 municipios afectados por la sequía, que representaba 97.7 % de municipios con sequía en categorías moderada y excepcional.

El director general del organismo Cuenca Golfo Norte de la Conagua, Felipe Chiw Vega, convocó a una reunión de emergencia con las autoridades de los tres niveles de Gobierno y representantes de la iniciativa privada.

Comentó que ya solo se tenían 10 centímetros en el nivel de la bocatoma en Tampico, situación por la cual “la contaminación de agua salada al sistema lagunar y suministro continuará en las casas durante varias semanas más, debido a que en las lagunas apenas está entrando agua dulce del río pero en cantidades muy menores”.

Llega el pánico

Cuando comenzó mayo, el problema finalmente golpeó a toda la población de la zona sur de la entidad, pues el agua salada del río Pánuco se había comenzado a filtrar en una extensión de 6 kilómetros, aumentando con ello la salinidad, lo que afectaría el desarrollo de los Municipios.

Esto se confirmó el día 5, cuando decenas de purificadoras de agua potable cerraron sus puertas y cientos de personas acudieron a las tiendas de autoservicio para conseguir toda el agua que pudieran comprar, ya no sólo para beber, sino también para bañarse y para dar a sus mascotas, pues la alta salinidad del agua de la llave hace imposible su uso.

Las pocas purificadoras que continuaron abiertas (con el riesgo de que sus filtros se echen a perder), se vieron repletas de personas día y noche, por lo que se vieron en la necesidad de establecer un límite de agua que pueden llevarse por persona. Además, el costo de los garrafones se incrementó en 50 por ciento. Las autoridades locales llamaron a la población a no caer en pánico, pero resultó inútil.

Por su parte, la presidenta electa del Consejo de Instituciones Empresariales del sur de Tamaulipas, Bertha Salinas Ruiz, expresó que la Conagua no ha hecho lo propio para destinar los recursos y resolver este problema. Explicó que llegar a los 20 centímetros de nivel del agua sería un desastre y actualmente los niveles están a 45 centímetros, siendo que el año pasado a la misma fecha tenían más de 80 centímetros. 

El presidente del Consejo de Instituciones Empresariales (Ciest), Jesús Abud Saldívar, precisó que se necesitan al menos mil 200 millones de pesos para una solución definitiva, sin embargo, en los recursos del Gobierno federal nuevamente no se contempló el proyecto del Estero Camalote, una de las principales fuentes de agua dulce del Estado.

El grupo de Profesionistas en Acción, conformado por biólogos, contadores, abogados, académicos e ingenieros, pidieron al Gobierno federal que voltee al norte del país, pues la crisis del agua ya está dañando cultivos, la biodiversidad y a la vida humana.

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