Reivindicaciones indígenas absurdas

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Signos

El Imperio español, como todos los imperios, fue saqueador, tiránico e implacable con los pueblos nativos de sus colonias.

El Imperio mexica, como todos los imperios indígenas y como todos los imperios del mundo, fue saqueador, tiránico e implacable con los pueblos avasallados de sus territorios de conquista.

El mestizaje es un proceso cultural derivado de esas violencias al mismo tiempo inhumanas y civilizatorias.

(Paz tiene letras enormes sobre el tema, del mismo modo que otros ilustres escritores y pensadores.)

El mestizaje originario y sus valores positivos y negativos son un hecho tan natural como irrenunciable e irreparable. Ni por lo bueno ni por lo malo hay autores vivos del mismo para exaltar o condenar. (El mestizaje y sus culturas híbridas siguen y seguirán ocurriendo mientras el mundo se siga integrando.) Y los perfiles biográficos más representativos son objetos de estudio al alcance de la mano.

Las celebraciones onomásticas oficiales en favor y en contra de ese mestizaje suelen ser más bien homenajes a la fatuidad y la demagogia.

La memoria histórica debe saber identificar y distinguir, en su tiempo y su contexto, los abusos y las contribuciones de los movimientos del pasado. (Aunque, claro, la ‘memoria histórica’ suele estar plagada de ideologismos, chovinismos, militancias y convenientes supercherías.)

Las grandes potencias democráticas de hoy fueron sistemas aberrantes de ayer que han heredado sectarismos, fascismos y modernos intervencionismos neocolonialistas y militaristas por demás repudiables y condenables, pero que más que por sus pecados imperiales pueden ser referenciadas por sus contribuciones alternativas al desarrollo humano.

Y, en México, más valdría la pena combatir, condenar y exterminar a las potencias del crimen organizado que imponen su ley del terror sobre poblaciones indefensas y Gobiernos inermes o cómplices de todos los niveles del Estado nacional, que montar farsas redentoras de las injusticias indígenas seculares para escurrir las culpas de la impotencia, la complacencia o la irresponsabilidad del liderazgo republicano frente a ese colosal crimen que sí tiene autores y culpables vivos, y que matan a diario y como nunca antes en la historia con tanta recurrencia, crueldad y alevosía, y que con el mismo éxito de sus impunes carnicerías improvisan extensos cementerios anónimos de los que los Gobiernos democráticos prefieren mejor hacer la vista gorda.

SM

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