
Signos
Ahora (también con la colaboración decisiva de la Inteligencia y de los ‘instructores’ militares estadounidenses) falta que caigan los socios importantes en el poder público del Mencho: Gobernadores, Alcaldes, Fiscales y demás autoridades policiales, legislativas y judiciales que representan la impunidad con que imponen su ley y sus negocios los violentos jefes de las bandas criminales, como la del Mencho, y sin cuya complicidad no estaría a su merced la seguridad de sus territorios y demarcaciones locales, donde si medio mundo sabe dónde viven y cómo operan e intimidan y extorsionan y matan los sicarios, y cómo de manera cada vez menos discreta los jefes de los grupos criminales conviven con los del poder político y con la autoridad que controlan en Estados y Municipios, es imposible que Harfuch y los mandos federales de la Seguridad desconozcan esas tramas en el mapa de los principales nexos políticos y del crimen organizado generadores de violencia, de ilegalidad y de ingobernabilidad, si bien es comprensible que atacar los reductos de la complicidad política puede implicar la investigación y el procesamiento inevitable de personajes y factores de poder del partido presidencial, aunque también, asimismo, eso marcaría un deslinde sanitario del obradorismo delictivo -que ha hecho de la regeneración moral y de los financiamientos del Bienestar un escudo de vilezas gobernantes, electorales y de controles institucionales absolutos, como en los sistemas estatales de Justicia- y abriría la ruta a un liderazgo presidencial y a una gobernanza del país más legítimos y vigorosos (y más aún si puede reducirse el poder electoral de la extorsión de mafias partidistas invictas como la del Partido Verde, que en Quintana Roo y con el uso de la marca y la propaganda y la indumentaria y el discurso de la ‘cuarta transformación’ y la Regeneración Nacional gobierna de manera omnímoda, corrompe el sistema jurisdiccional y posibilita la generalización de la violencia y los negocios de los grupos criminales denunciados como protegidos por la autoridad política desde una Fiscalía dominada por la dirigencia de ese partido, el del Niño Verde, hasta ahora invicta, invencible).
Sería la buena hora de la limpia. De que la soberanía deje de suponer hegemonía de la narcopolítica nacionalista. Y de que la alianza de seguridad con Trump sea de beneficios mutuos, como lo fue el Plan Colombia contra la violencia y el dominio que ejercía el ‘narco’ en el país sudamericano.
SM