
Signos
Ayatolas, talibanes, comunistas, demócratas… ¿qué más da? ¿Ideologías? ¿Capitalismos y comunismos socios de dictaduras teológicas? ¿Oligarcas rusos y corporativos chinos defensores de dinastías musulmanas medievales? ¿Adalides del ‘mundo libre’ sosteniendo títeres nazifascistas ucranianos y respaldando exterminios étnicos sionistas y terrorismos sirios libertarios? ¿Bloques económicos de naciones defensoras de los derechos humanos? ¿Elecciones de pueblos libres? ¿Decisiones electorales sin imposiciones oligárquicas ni de grupos de poder? ¿Bandas del crimen organizado financiando candidaturas de partidos de izquierda proclamados de la regeneración moral? ¿Sigue significando algo la pertenencia militante?: ¿izquierdas, derechas, dogmas, doctrinas, consignas y posturas políticas de uno o de otro bando? ¿Qué importa? Los Césares del fin del mundo y del Bien y el Mal son de un pragmatismo tan transparente y tan cada vez más cínico y retrógrado donde lo que menos importa son los pueblos y donde sobran los ingenuos de esos pueblos que no dejan de creer que son los que deciden o deben decidir en torno a sus destinos. ‘Tierras raras’, minerales únicos, recursos naturales y energéticos que se agotan, riquezas patrimoniales en disputa, mercados que se angostan, competencias que se recrudecen, violentos repartos de lo que queda entre grupos del gran capital cada vez más utilitarios e inhumanos, eso es lo que va sobreviviendo en las conflagraciones terminales de una selva de poder ajena a todo principio de decencia y a todo valor de humanidad. Las pertenencias multitudinarias y las manifestaciones de júbilo y de defensa en favor y en contra de unos y otros bandos de poder, democráticos todos -dicen-, dan lo mismo. El apoderamiento encarnizado de las fuentes y los restos de riqueza material en un espacio de explotación comercial progresivamente estrecho es la que define el destino del mundo. Así empezó la civilización: los más fuertes matándose entre ellos, sometiendo a los débiles y ensangrentando sus dominios en nombre de la libertad y apostando por el lucro y el dinero. Es la lógica simple de la existencia planetaria y de la evolución (filosofías, pensadores y avances científicos y tecnológicos de por medio). Y así es como acaba todo. El regreso. Vuelta a los orígenes, dijera Paz. “Y en un mismo lodo todos manoseaos”, cantara Discépolo.
SM