
Signos
La cosa es simple en el México de la incivilidad. En el de la pobreza educativa, política y democrática:
Si la Presidenta se siente amarrada al Niño Verde y a los Gobernadores de su partido porque no tiene candidatos propios o la fuerza presidencial que cualquiera podría suponer que tiene para imponerlos (cuando también cualquiera puede saber que la demagogia democrática de la moral y la decisión del pueblo en los procesos electorales sigue la lógica de la modernización educativa, de la cultura y de la justicia de todos los tiempos, es decir que cambia como la genética del gatopardo, o para seguir igual que en los días de Gonzalo Santos o de Sansores Pérez), entonces es fácil adivinar lo que pasará en los procesos venideros de elección de candidatos del partido del Movimiento de Regeneración Nacional.
En Quintana Roo, por ejemplo, donde domina el Niño Verde con dirigentes de Gobierno y de todas las instituciones y Poderes republicanos militando en el partido presidencial guinda o en el Verde, que lo mismo da, seguirá dominando el Niño Verde con el candidato a Gobernador que más le convenga para preservar intactos sus intereses criminales.
Y en el resto de las Entidades gobernadas hasta ahora por la delincuencia política del partido presidencial o la del Partido Verde aliado, todo dependerá de los avances o los retrocesos de la influencia de los Gobernadores y de la renta en las urnas que les siga aportando el financiamiento social y electoral del Bienestar y la memoria guadalupana fiel que quede de su obradorista creador; insumos esos que -a falta de acciones y obras propias distintivas y de alto poder transformador real- hacen los índices de aprobación y la popularidad presidenciales, y que alimentan los negocios de poder de los gobernantes y las mafias locales de la misma causa militante de la regeneración moral.
La calidad de los elegidos es lo de menos y la identidad ideológica que los postule también sale sobrando, como en Guerrero, donde si Félix Salgado Macedonio, el padre de la Gobernadora Evelyn Salgado Pineda, se burla de las prédicas antinepotistas de Claudia Sheinbaum y gana la candidatura sucesoria con las siglas del Partido del Trabajo en nombre de la alianza de ese partido con el del Niño Verde y el de la Presidenta, todo seguirá siendo la misma historia de la gata revolcada de la moral de las moras del ancestral revolucionario potosino y de la democracia transparente y de las urnas cristalinas del padre de la Gobernadora morenista de Campeche que fuera dirigente nacional del PRI, antecedente hegemónico del Morena.
Nada cambiará, salvo el nombre de los depredadores del poder público.
En Quintana Roo, único Estado del país gobernado por el Niño Verde en el nombre del padre y del espíritu santo del obradorismo morenista, se sabrá mejor que en ninguna parte cuál es la dimensión real de las virtudes políticas de la Presidenta de la República. Se sabrá si el poder del Niño Verde y su grupo delictivo gobernante seguirá esquilmando y pudriendo los patrimonios estatales o si ese poder cambiará de manos.
Pero si no hay un candidato de identidad claudista en el Caribe mexicano y si Salgado Macedonio se mofa y gana en las narices presidenciales mismas de su antinepotismo moralizador, se sabrá bien a bien de qué tamaño es el liderazgo presidencial.
Lo dijo el exGobernador Mario Villanueva hace unos días: en Quintana Roo todo depende de la relación que la Presidenta mantenga con el Niño Verde. Y en todo el país, todo depende de quién decida más en los Estados, si la Presidenta o los jefes políticos locales.
Así de simple, en el México y en el mundo de las simplificaciones políticas donde la inteligencia humanoide desplaza de manera cada vez más rauda y progresiva las complejidades -estéticas, históricas y conceptuales- del humanismo, cuya entrópica decadencia marca el espíritu y la conciencia generacional del espectáculo de los (últimos) tiempos civilizatorios.
SM