¿Llegará la fuerza preponderante de Morena a la sucesión de 2022?…

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La cosa pública

Por José Hugo Trejo

La fuerza política preponderante en Quintana Roo desde la elección federal de 2018 es el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) que ganó la Presidencia de la República con Andrés Manuel López Obrador, las senadurías y las tres diputaciones federales circunscritas en la entidad. Además de que en las elecciones municipales que se jugaron en la misma fecha ganó los Ayuntamientos quintanarroenses más importantes: Othón P. Blanco, el de la capital; Benito Juárez, el de Cancún; y, Solidaridad, el de la Riviera Maya. Se agregó a ese triunfo el del Municipio de Lázaro Cárdenas.

         Morena refrendó su papel preponderante en el ánimo de los electores quintanarroenses, en las elecciones legislativas de 2019, al ganar la mayoría de los distritos electorales con la alianza partidista que encabezó con los partidos Verde Ecologista de México (PVEM) y del Trabajo (PT); sin embargo, la ola morenista en la entidad, como se está previendo que ocurra a nivel nacional, difícilmente mantendrá por mucho tiempo la fuerza avasalladora con que barrió en las elecciones de hace dos años.

         El Partido Revolucionario Institucional (PRI), al que pertenecieron muchos de los que son hoy principales cuadros de Morena, con la intervención parcial y directa del Estado en los procesos electorales, mantuvo su hegemonía política en Quintana Roo durante 28 años, desde que comenzaron a elegirse autoridades estatales y municipales en 1974 hasta 2002, en que perdió por vez primera una elección municipal en Benito Juárez; a partir de entonces fue perdiendo espacios elección tras elección, hasta que en 2016 fue desplazado de la gubernatura como partido, aunque un exmilitante fue el ungido por el voto de los quintanarroenses, enarbolando las banderas de los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), sus adversarios históricos en la lucha electoral.

         Sin la intervención parcial y directa para favorecerlo, el PRI hubiera sido desplazado del poder estatal mucho antes de lo que lo fue, aun cuando la competencia electoral no estuviera en el nivel que está hoy en día.

De ahí que Morena no tenga asegurado el triunfo en la elección que viene para Gobernador del Estado, cuando faltan dos años para que se registre la contienda, si el mismo se sustenta en el antecedente de la fuerza que registró en la elección federal de 2018, como parecen apostarle los muchos aspirantes que ya existen en la entidad dentro del partido del presidente López Obrador.

Morena es la fuerza política preponderante en Quintana Roo, como ya dijimos, pero no es hegemónica ni cuenta con el favor que tuvo el PRI en su momento de una legislación electoral a modo y del apoyo descarado de la estructura de poder del Estado mexicano. Además de que tendrá que afrontar el desgaste que le acarrea el ser Gobierno en la República y en los principales municipios de la entidad. Sin contar los efectos electorales que le acarreará una potencial desvinculación del presidente López Obrador, como ya lo ha anunciado, de continuar con las luchas intestinas que mantienen los diferentes grupos que buscan el control del partido tanto en el centro del país como en los espacios de la periferia, en donde el morenismo es Gobierno o cree estar a punto de serlo.

Por eso es que en Quintana Roo, como en los mejores tiempos del priismo, Morena es el partido que más aspirantes adelantados tiene para la gubernatura de 2022: desde los senadores que llegaron bajo su bandera en 2018, José Luis Pech Várguez y Maribel Villegas Canché, los diputados federales Luis Alegre Salazar y Jesús Pool Moo, así como la presidenta municipal de Benito Juárez, Mara Lezama Espinosa.

Sin embargo, Morena y sus aspirantes tendrán que pasar primero la aduana de la elección federal y municipal de 2021. De los resultados que la misma arroje en Quintana Roo dependerá en mucho la suerte que siga corriendo su partido entre el electorado local y la de ellos mismos en lo personal, pues más de alguno querrá probarse en campaña para reelegirse y mantenerse en forma para buscar posicionarse mejor para la sucesión gubernamental que arrancará formalmente apenas y se terminen de contar los votos para diputados federales y presidentes municipales.

Habrá que ver entonces si Morena, con el desgaste cotidiano a que la someten sus múltiples críticos, respaldados por la conducta de los propios morenistas en el poder, trasforma su preponderancia electoral en la hegemonía en el poder estatal por la que apuestan los aspirantes adelantados que ya tiene desde ahora…

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