De gallos, cisnes negros y pollos pelones

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El minotauro

Por Nicolás Durán de la Sierra

Por el título del comentario: De gallos, cisnes negros y pollos pelones, se podría creer que este va por la ruta de la avicultura, el viejo arte de criar plumíferos, pero no va por allí; va por el posible futuro de Cancún tras las elecciones de 2027, las que Morena y los verdes fraguan ya con base en sus privados intereses. Otros son los de la plebe, sí, pero son secundarios y sólo sirven para los discursos.

Aún no está claro el arribo del Rafael Marín, quien daría nuevo rumbo a las elecciones por venir, por lo que por ahora no se hablará de tal “gallo” y su grupo, sino de un par de pollos pelones que ansían el vellocino de oro que significa Cancún. Uno es Jorge Sanén, dirigente estatal guinda y exlíder de los diputados, y el otro, Pablo Gutiérrez, verde secretario del verde ayuntamiento Benito Juárez.

Méritos que acrediten sus ansias no los tienen, pero sí padrinazgos. Uno está en “el ánimo de Mara”, aunque no es la única carta de ella, que Oscar Rébora, el del Medio Ambiente, también suda en “el face”; y el otro, es adalid de don “Niño Verde” o Jorge Emilio, para sus afines, un caballero de finísimo olfato para negocios de todo tipo, sobre todo los cobijados por el poder público.

Ninguno de los dos prospectos, así se les quiera colgar virtudes, ni por formación ni por instrucción están al nivel de lo que encara Cancún; el verde sigue ‘pateando la lata’ con el problema sanitario (el basurero saturado) o se sirve del caótico y jugoso crecimiento citadino que hace que cada revisión del Plan de Desarrollo Urbano se convierta en una feria inmobiliaria.

El bachiller guinda (nacido apenas en el servicio público) tiene un fugaz paso como regidor en Cancún, aparte de su andanza por el Congreso, en donde hubo de reponer la efigie de Andrés Quintana Roo en el atrio legislativo. Según él: “lo hizo en atención a la voz del pueblo”; según tal voz lo hizo por el acicate de once amparos en contra del propio congreso. Matices semánticos.

Gris uno, gris el otro y gris el panorama

De no ser por la sombra del ‘cisne negro’, como con fino humor le han llamado a Rafael Marín, las elecciones en puerta se alisarían con afeites domésticos, en familia, pero con el renovado tironeo que se traen los partidos Verde y del Trabajo con Morena no se puede organizar aún la fiesta local de la democracia.

Es evidente que el verde no armoniza con el tezontle del Palacio Nacional.

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