Pedagogía presidencial, veraniega ampliación vacacional, e inevitable decadencia de la Regeneración Nacional

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Signos

I.

La Presidenta tiene cuatro discursos genéricos y sus escribidores un trabajo fácil.

En defensa de la soberanía, dice: La Presidenta no se arrodilla ni agacha la cabeza (…).

Contra la delincuencia política que ampara al crimen organizado, dice: No hay pruebas (…).

Sobre el combate a la corrupción, dice: Nosotros no somos iguales (…).

De los males del país, dice: Son culpa de la Conquista, de Calderón y de los Conservadores (…).

Y ya. Lo demás redunda en torno de esos ejes sintagmáticos. Ah, y en que el Pueblo, que es el que decide todo, ‘es mucha pieza’ (…).

Con eso basta. El Pueblo, que es el que manda, no necesita entender más.

Ella y los voceros de su entorno progresista alternarán las frases, proferirán otras o harán injertos y amalgamas pero dirán lo mismo sin mayores paradigmas ni pedagogías.
(México es el tercer país con el peor nivel de comprensión lectora entre estudiantes de quince años según estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que incluye a 38 naciones).

II.

Del tamaño del Logos político y de los poderes del Estado es el de la idiosincrasia nacional y es el verbo del humanismo documentado en la enseñanza de las aulas públicas.

Y las escuelas, las del nivel básico por lo menos, por angas o por mangas magisteriales, de asuetos y feriados y otras vainas e imprevistos, permanecen más tiempo cerradas que en funciones docentes durante el año. Cerradas, como bien cerradas habrían de permanecer en la ampliada vacación veraniega, a tres meses, por el Mundial de Fútbol o por el tremendo calor, que la autoridad educativa federal anunció, que el Magisterio había festinado, y que ante la condena pública por los excesos de la vagancia y la irresponsabilidad a los que se ha llegado, la Presidenta decidió que se cambiara el plan y se disfrazara por el de un acuerdo nacional para definir un calendario escolar nuevo.

III.

Y no habría que hacerse bolas:

La política y la vida pública están en el mismo laberinto sin salidas de la calidad educativa.

La moral, tan pregonada como alternativa progresista del país, está en vertiginosa descomposición como proyecto político de futuro.

Al partido del Movimiento de Regeneración Nacional le está pasando algo similar, pero mucho más prematuro y contundente -como partido presidencial que es- que a su antecedente fundacional, el Partido de la Revolución Democrática, el PRD, pulverizado por su tribalización, su fragmentación y una desideologización y un confrontacionismo visceral entre sus ‘tribus’ y sus dirigentes que lo condujo a perder el sector de izquierda con que al cabo se forjó el Morena -igual que el PRI había perdido a la izquierda forjadora del PRD, porque ese progresismo plagado de facciones oportunistas es más bien suicida y autodestructivo desde sus estridentes falacias moralizadoras-, y que terminó reduciéndolo a una piltrafa partidista asociada al prianismo residual del neoliberalismo (asimismo desideologizado y desprendido de sus fuentes doctrinarias históricas, como las de la política social revolucionaria en el caso del PRI, y las prédicas de la doctrina social cristera y antirrevolucionaria en el caso del PAN) hasta su extinción inevitable; un perredismo, en fin, nacido del combate al neoliberalismo propio de la degeneración ideológica del PRI, y cuyas contradicciones, como las del PRI, lo llevaron a suscribir en el ocaso las causas de ese neoliberalismo contra el que luchó y de cuya lucha se hizo partido.

Al Morena lo están diluyendo en la víspera sus contradicciones ideológicas moralistas.

La dependencia financiera y electoral de su delincuencia política asociada con el crimen organizado, y la de su alianza con el verdecologismo fundado en la corrupción oligárquica salinista -y crecido gracias a un sistema democrático de partidos creado e institucionalizado en sus globales desmesuras por ese mismo neoliberalismo en el poder del Estado y legitimador de la corrupción de sus grupos de poder-, hacen que sus proclamas electorales y las defensas ideológicas de sus principios morales por la regeneración y la transformación nacional se evidencien más y más como entelequias de un oportunismo propio de dirigencias y liderazgos tan espurios y tan demagogos como los opositores a los que atacan; a los que, con esas redundancias estériles de tres o cuatro lugares comunes culpan de todos los males del país, cual hijos de la Conquista, conservadores, e igualitos que son al maldito Calderón.

El antinepotismo presidencial ha sido reducido a sornas mediáticas cada día menos simuladas por los crecidos y cada vez más deslenguados verdes.

Los verdes son más poderosos que nunca y dueños, con su nombre o el de los guindas humanistas de la regeneración moral, del destino y los procesos sucesorios en las Entidades que controlan y en las que quieren controlar, empezando por las turísticas de Quintana Roo, Guerrero y Nayarit, además de San Luis Potosí.

Y no, no alcanzan las pobres frases hechas para contener el poder desideologizador del verdemorenismo y el de la mala fama de la delincuencia que aprieta el cuello moral del partido del Bienestar.

SM

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