Que si Cortés era peor que Rocha Moya, mire usted…

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Signos

La incontinencia verbal provoca a menudo despropósitos del mismo modo impredecibles y descontrolados.

Las Mañaneras presidenciales fueron inventos geniales que le vinieron como anillo al dedo a Andrés Manuel y a su naturaleza locuaz y provocadora.

Estaba hecho para el pleito político de barriada.

Pero a su sucesora la ponen en el flechero de la crítica adversaria o no militante.

Se mete en fangales declarativos sin saber deslindar los terrenos de lo pertinente y lo prohibitivo.

Parece vocera del mercado nacional o ‘ajonjolí de todos los moles’.

Y parece, asimismo, que si bien ya no puede librarse de esas tertulias del diario, tampoco tiene a nadie cerca que le haga el favor de administrárselas para su bien y evitarle que se meta ‘en camisa de once varas’.

Si Cortés fue peor que Rocha Moya no hay manera de impedirlo, por ejemplo.

Usarlo como escudo de defensa soberana es ir muy lejos.

No hay pruebas.

No las hay.

Es difícil fincarle cargos absolutos sin comprobarlos. ¡Y al cabo de cinco siglos! (En su favor, habría que convocar testimonios aborígenes contra los mexicas, de los que también se habla.)

Si los padres del mestizaje marcaban la frente de los niños con hierros al rojo vivo o si los patriarcas prehispánicos ordenaban sacrificar a sus prisioneros en sádicos rituales sangrientos, ¿hay evidencias forenses? Se trata de sucesos en contextos civilizatorios tan probables como remotos, desconocidos y propios de la materia antropológica.

Más que de los espíritus de aquellos tiempos, traerlos a cuento con propósitos políticos actuales habla mal del espíritu acusatorio: del uso especulativo y ridículo que se hace de la historia -en todo caso inevitable- para defender causas propias que, de ese modo, sólo evidencian su ilegitimidad y su bisutería ética.

SM

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