
Signos
El estruendo es la medida de lo diminuto. El nacionalismo extremo dimensiona las miserias de su valor. En él, cualquier victoria en que se traslade y en que se crea que se realiza el valor propio es de celebrarse: hace la identidad soñada y el encubrimiento alucinado de la mediocridad verdadera.
Nacionalismo es pretender amar una nación cerrando los ojos y apartándose de todas sus tragedias, negando sus vergüenzas, aceptando sus violencias, sus ruindades; sumarse a la totalidad fanática que incluye a sus pervertidores en un abrazo y en un grito común que haga saber en la estridencia incontinente que todos somos pueblo y absolutamente iguales, y donde sólo ganan los buitres y los oportunistas de siempre.
Nación es todo entre sus límites territoriales; esa promiscuidad en que conviven delincuentes, cómplices y víctimas. Patria es lo que se ama y quiere salvarse en ella. Y defenderla es reconocer muy bien al enemigo que también celebra el gol y es la piltrafa más nociva que se beneficia de los males generales de ese mismo pueblo que se habita.
Patria es familia, por ejemplo, y elogio de lo que se quiere y vale la pena disfrutar o salvar o corregir; alegría de lo que se merece, condena de lo que no sirve y debe transformarse, conciencia y medida de lo que en realidad es el éxito de un pueblo y de las derrotas propinadas por los enemigos que se alzan con los alaridos del mismo gol, así ese gol no sea más que chusquería casual, mera ganancia fortuita.
Patria es saber cuán pírrico es un triunfo y cuán grande es la derrota del conformismo que sigue haciendo por los siglos de los siglos que nada cambie y todo siga sobre el mismo horizonte y hacia el ocaso previsible de los tiempos. Es saber que si no hay nada de valor en las conquistas de pacotilla es porque sus autores saben bien que a sus aplaudidores les basta con ellas porque no merecen más que eso puesto que tampoco han hecho nada para superar las marcas de su ordinario destino.
Patria es razón de ser. Nacionalismo es todo lo contrario: orgullo de lo nimio y multitudinario cifrado en la ignorancia y en la ausencia de civilidad y de autocrítica que revuelve en la masividad al ingenuo delirante y al villano que construyen juntos, en la turba, los escombros del porvenir de una nación irremediable.
SM