
Signos
Que se le cambie el nombre al Paso de Cortés por el de ‘Paso de los pueblos indígenas’, determina la muy creativa y vindicativa Presidenta.
Pero si de perder el tiempo en panfletos se trata, por qué no proponer desde la contra demagoga el nombre de ‘Paso de la venganza tlaxcalteca’. O los de ‘Paso de los pueblos indígenas en guerra’, o ‘de los sacrificios humanos originarios’, o ‘de los prisioneros descorazonados de “Las guerras floridas”‘.
Porque si de condenar o de exaltar el origen de la cultura mestiza se trata, bien puede buscársele tres pies al gato histórico e identitario quinientos años después.
Juzgar con valores de la era digital los del principio de los tiempos (sean las ofrendas sangrientas primitivas o las violencias de conquista, aquí y en China) es de un moralismo ideológico por demás estéril, empedernido y estúpido.
Qué insistencia la suya.
Tanta demagogia tan innecesaria y tan pobre de sustento, de gracia y de imaginación.
Hasta para simular hay que saber inventar.
Ni Fox enseñaba tanto el cobre de sus limitaciones políticas y discursivas.
La academia en el poder debiera servir para acotar la impertinencia.
Andrés Manuel por lo menos neceaba con originalidad.
Hasta eso se extraña hoy día.
SM