El cash caribe del verde partido presidencial

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Signos

¿Por qué los Municipios turísticos que han sido los más rentables del país, como los más importantes de la costa caribe de México, son ahora tan deficitarios?

Si son decenas de millones de pesos los que mes a mes se reparten en efectivo con el Niño Verde sus jefes municipales y estatales, ¿cómo es que no hay buenos dividendos fiscales que se traduzcan en obras y servicios públicos de las dimensiones que requieren el crecimiento poblacional y la demanda social, y tampoco hay iniciativas de gestión y planificación que puedan contener los desequilibrios y la la pauperización sostenida del expansionismo urbano, ni la degradación ambiental (en un paraíso natural por cuya riqueza y fragilidad biológicas debiera ser de los mejor cuidados del planeta), ni la contaminación ni la insalubridad ni la delincuencia ni la extorsión de los inspectores y fiscalizadores estatales y municipales, ni la degradación sostenida de todas las instituciones y de sus autoridades y de la calidad de vida de la población?

Claro que la renta fiscal alcanzaría y sobraría para el reparto de los millonarios beneficios privados repartidos mes a mes entre la élite del cash y la regeneración moral del verdemorenismo de las complicidades presidenciales controlado en Quintana Roo por el Niño Verde, y para pagar mucho más a sus lideres de opinión pública locales y nacionales.

Habría de sobra.

Porque la corrupción en la política no es una excepción, sino una condición. La diferencia es entre los corruptos rapaces, omnímodos, totales, absolutos, y los que saben gestionar la indecencia y encubrirla en ganancias sociales mayores o menores, para no hablar de los excepcionales y que bien saben cómo acomodar sus intereses particulares de poder con lo que juran defender cuando ganan -sin robarse- las elecciones.

Y la mayor y más irremediable de las tragedias para el interés público es que ahí donde los males de la demografía de la pobreza son de los más desaforados del mundo entero, como en el Caribe mexicano, gobiernen, asimismo, algunos de los grupos de poder también más corruptos del mundo entero, pero del mismo modo de los más iletrados, improvisados e ineptos, y, peor aún, de los más votados. (Porque un liderazgo nacional de la más alta popularidad, como el del expriista Andrés Manuel López Obrador, les legó la fuerza de una propaganda tramposa cifrada en programas de financiamiento socioelectoral directo como los del Bienestar, que en zonas de alta marginalidad económica y crítica inducen el convencimiento inequívoco de votar por los colores partidistas que los representan, como los de las mafias gobernantes en la Entidad caribe y en casi todo el territorio nacional).

Y esa tragedia es la del país.

Porque el crimen organizado, como en el Caribe mexicano, expande e institucionaliza sus mecanismos de control político y legaliza los fondos de su industria imponiendo más y más representantes propios y liderazgos que deciden en los ámbitos más importantes del poder republicano.

Y así como del Niño Verde dependen los principales jefes políticos de Quintana Roo, lo mismo que de la Fiscalía y el Poder Judicial, cada vez más sicarios y jefes criminales (ahora exsicarios y exjefes criminales salidos del anonimato) prescinden de intermediarios que los representen y se postulan ellos mismos a representantes populares y se organizan, al estilo del Niño Verde, para repartirse fracciones del poder del Estado en amplios territorios del país gobernados por la delincuencia política, y repartir porciones del erario como hacen con él, con el Niño Verde, mes a mes y en efectivo, decenas de millones, algunos gobernantes locales del Caribe mexicano, con el visto bueno o con la ‘vista gorda’ de la Presidenta de la Regeneración Nacional.

SM

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