
Signos
¿Alguna idea? ¿Alguna frase? ¿Alguna declaración? ¿Algún pronunciamiento? ¿Alguna propuesta? ¿Algo que de algún modo entusiasme y haga la diferencia y atraiga el interés por sus valores distintivos, por su vigor semántico y propositivo, por la dimensión de su mensaje propio de una trayectoria y un perfil de liderazgo creíble y confiable para la construcción real de mejores entornos vitales, de ámbitos sociales menos violentos y más seguros, de proyectos de desarrollo alternativos y visionarios, de fortalecimiento institucional, de iniciativas públicas concretas y convincentes de reforma y superación de la mediocridad y la inoperancia gobernantes y legislativas y judiciales, y contra la corrupción y la vileza policiales y ministeriales? ¿Algún discurso, alguna expresión, algún síntoma novedoso que convoque la idea libre de prejuicios y militancias e intereses mezquinos de que entre los grupos desbocados por la conquista de los cargos públicos en disputa hay algo más y mejor que lo mismo de siempre y no lo que parece: es decir lo mismo pero más y más barato y desmejorado y sin más competencia que la de hacer campañas electoras con imágenes pedestres de congregaciones de eventuales seguidores y aspirantes de la codicia y los lucros venideros desprendidos del poder político por mayores y menores y pírricos que sean pero de los que algo quede? ¿Hay algo más que no advierta la decadencia terminal de la política (de la que parece que no van quedando ni siquiera las perfidias ingeniosas y los malabares demagogos y las certezas inconfundibles de las decisiones del poder, y no porque la democracia y porque las virtudes y las transparencias de la regeneración moral deriven en procesos sucesorios más auténticos y decididos por la verdadera voluntad del sacrosanto pueblo de todas las consignas redentoras, sino porque ya no quedan siquiera imaginación ni recursos retóricos ni capacidades naturales de proselitismo y promoción que influyan en un electorado más movido ahora por las herencias obradoristas sobrevivientes del Bienestar que por las convocatorias de los candidatos en campaña, y no más acotados por las restricciones electorales, las que todos violan por inservibles e impertinentes que son, que por sus propias incompetencias oratorias y de verdadera imagen popular, porque de que se financian con recursos negros del erario y de otras dudosas procedencias no cabe la menor duda, todo al modo de los viejos tiempos, empeorados más y más, de una democracia de la medida de la calidad escolar del país, que está en los sótanos del mundo civilizado)? ¿Hay algo, entonces, allí, que haga pensar que se trata de otra cosa distinta a la del circo bufo de lo que a leguas se ve: de las imágenes de oportunistas y coros de acarreados y de esperanzados equipos y ‘operadores’ y fieles seguidores a la caza de lo que quede en las instituciones y las arcas y los patrimonios públicos vaciados por el grupo gobernante que se va? ¿Hay algo de valor detrás de la parafernalia ya desprovista de toda imaginación y toda agenda estratégica y operacional para elegir a los mejores representantes de la voluntad transformadora del poder popular, y que indique algo más que la elección dependerá de meros acuerdos cupulares entre quienes ya se sabe y según las debilidades de quien ya se sabe y las bien curtidas rapacidades de quien también de sobra se sabe asimismo que en las verdes praderas políticas de la simulación moral de la patria hace siempre su agosto y termina acrecentando su influencia y sus negocios de poder gracias a una vasta industria electoral -autónoma- de procedencias salinistas que se lo permite, mientras las desprevenidas clientelas electorales siguen creyendo que el sufragio hace el poder del pueblo y para el pueblo porque el pueblo es mucha pieza y es muy bueno y sabio y no roba y no miente y no traiciona porque lo suyo, lo suyo, es el verdemorenismo de la renovación moral de la sociedad?
SM