La guerra a muerte entre los aliados

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Signos

La golpiza que se traen las dos facciones verdemorenistas principales por la nominación del candidato del partido de la Presidenta a la sucesión gubernamental en Quintana Roo -partido con que el Niño Verde controla todos los Poderes públicos y las autoridades de la Entidad caribe- habla de las grandes debilidades políticas que acusan el poder presidencial y los liderazgos de su partido, mismas que están degradando su hegemonía y lo están condenando a la pérdida de poder electoral y de Gobierno que padecen, hoy más que nunca, todas las izquierdas del entorno democrático liberal latinoamericano, cual ocurre en Colombia (donde pese a todas las políticas sociales del régimen de Gustavo Petro, su partido se fue viniendo abajo por la falta de consolidación nacional y en los difíciles entornos regionales del país).

No hay liderazgo ni orden ni principios ni garantías ni estrategias eficientes y rigurosas que preserven la integridad y la armonía entre los grupos de interés y ante la opinión pública y la percepción de los electores y de todos cuantos puedan hacer uso y beneficiarse de tales fracturas internas y debilidades.

Prosperan el caos y la guerra sucia entre los verdes en el poder y enemigos mortales de sus ‘aliados’ guindas del morenismo subsidiario, en medio de las indefiniciones de la Presidenta y de su partido para decidir si siguen dependiendo de los condicionamientos parlamentarios del Niño Verde para sus futuras reformas presidenciales y le entregan de una vez por todas la candidatura gubernamental a quien él decida para mantener la continuidad de sus negocios y sus fueros delictivos, o si postulan a un morenista no verde que le quite al Niño Verde el control de la Entidad.

Porque con el poder de los financiamientos socioelectorales obradoristas del Bienestar, el Morena tiene garantizado seguir ganando los comicios locales. La disyuntiva es en favor de cuál de los grupos en guerra: el de los verdes en el poder o el de sus ‘aliados’ presidenciales.

SM

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