La justicia de los ‘pueblos originarios’

4

Signos

Muy bien: pero si después de dos siglos de ser país, los llamados ‘pueblos originarios’ de México siguen padeciendo los mismos ultrajes y las mismas injusticias a que los condenaron -a todos, sin excepciones- los conquistadores de Hernán Cortez -ellos y sus descendientes de tres siglos de Virreinato y de cultura mestiza y poblaciones sincretizadas entre indígenas y herederos peninsulares y criollos del Conquistador-, ¿el Reino de España es el culpable de las miserias eternizadas de esos ‘pueblos originarios’ (donde no habría habido nunca explotados y explotadores ni gente improba y mala sangre como en los demás pueblos del mundo) por las que los Presidentes del obradorismo que se hace llamar de la ‘cuarta transformación’ no dejan de exigirle que se disculpe con ellos?

Después de tres Constituciones -la de la Independencia de México, de 1824; la de la Reforma Liberal, de 1857, y la de la Revolución Mexicana, de 1917, promulgadas según esto para defender los derechos de todos los mexicanos- y después de todo género de proyectos de Estado, luchas ideológicas (entre conservadores, liberales, populistas, neoliberales y progresistas), anexiones e invasiones imperialistas, guerras civiles sangrientas y liderazgos de Gobierno declarados defensores de la soberanía nacional y la voluntad del pueblo de México, ¿vale seguir acusando a la Corona española de la injusticia, la marginación y el abandono que padecen todos esos ‘pueblos originarios’, a los que ningún gobernante ni proyecto de nación ni partido ni dirección de Estado ha sacado de su postración porque la misma es sólo culpa de los conquistadores y del siempre repudiable avasallamiento de la Nueva España, perpetuado en todos los regímenes políticos de un México que nunca ha logrado trascender la maldición que pesa sobre los pobres y siempre condenados y castigados ‘pueblos originarios’?

Porque lo de menos es la violencia, la indigencia educativa, la incivilidad, la incultura, la corrupción, la demagogia democrática, la delincuencia política y el crimen organizado que dominan el paisaje y la soberanía del México independiente. Eso puede ser culpa del destino y de la mala suerte. Pero la existencia inhumana, durante más de cinco siglos, de todos los ‘pueblos originarios’, es una culpa y una maldad de las que tiene que hacerse cargo sólo el Reino de España. Y lo único que puede hacer el Estado de la ‘cuarta transformación’ y de la regeneración moral de México para que se haga justicia en favor de esos ‘pueblos originarios’ es defenderlos por encima de los derechos de toda la pluralidad poblacional y obligar a ese Reino de España a que se disculpe con ellos. Porque mientras eso no ocurra, tampoco puede haber justicia en el México independiente y soberano.

El destino y la dignidad de los ‘pueblos originarios’, piensa Claudia Sheinbaum con la misma óptica aborigen de su autor y predecesor, Andrés Manuel López Obrador, pende de que el Rey de España reciba el perdón de los ‘pueblos originarios’ (mexicanos que son, desde hace más de dos siglos, pero cuya postración originaria y perpetua es obra de los españoles).

Y si esa bandera de los derechos de los pueblos originarios es auténtica y no una mera diatriba política de uso del indigenismo como recurso de propaganda (como tanto han vituperado mercenarios políticos indígenas y no indígenas de todos los tiempos; populistas o neoliberales y priistas o panistas o expriistas y neoizquierdistas como el mismo Andrés Manuel), la cosa es más grave que la simulación que pareciera: una estupidez de dimensiones de Estado.

SM

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *