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Signos
El Niño Verde ve, como lo puede ver cualquiera, que el morenismo presidencial se rompe y se desgaja.
Se dividen, en efecto -el partido y el movimiento de la llamada ‘4t’- entre los obradoristas que quieren el gigantismo partidista de suma todo y de afiliar lo que sea con tal de ser una aplanadora que siga siendo votada por la masividad fanática sólo porque se tiene la marca patriarcal obradorista -como el PRI de sus mejores tiempos corporativos tenía la marca revolucionaria invicta y no había oposición que contuviese como él su diversidad ideológica, sectorial, clasista y de repartición corrupta y discrecional del poder del Estado-, y en cuyo bando, dirigido por Andrés López Beltrán, el Andy, se entiende que es tiempo de la evolución ideológica (o de convertir el pasado en porvenir), donde debe trascenderse el ideario y la propaganda de la regeneración moral inventados por su padre Andrés Manuel y con que se combatió y venció a los ahora opositores de la oligarquía y la privatización neoliberal, y asumir el monopolio del partido de Estado usando las banderas de la reivindicación popular y moral para encubrir los negocios del verdadero control del país, como lo hizo el partido de la Revolución Mexicana, que traicionó los afanes y las consignas populares del agrarismo derrotado en la lucha armada por los caudillos carrancistas, obragonistas y callistas que mataron a Villa y a Zapata, para convertir esos principios en sólo concesiones constitucionales e institucionales que, administradas de manera discrecional, sirviesen para amparar los verdaderos fines fácticos de la nueva clase gobernante, los de favorecer a la naciente oligarquía de la Revolución y participar con ella en el saqueo privado de los bienes nacionales.
Se divide, pues, el morenismo, entre estos obradoristas representativos de la vieja ideología revolucionaria traicionera y los claudistas, o los que no se forjaron en el PRI y en su socialismo corporativizado y corruptísimo de gremios proletarios cetemistas (Confederación de Trabajadores de México, CTM), cenecistas (Confederación Nacional Campesina, CNC), cenopistas (Confederación Nacional de Organizaciones Populares CNOP) y fabricantes de sufragios obligatorios como los petroleros y como los magisteriales (que hoy mismo, en su nueva versión cuatroteísta, ofrecen a la facción de Andy más de dos millones de votos seguros para las próximas elecciones generales, donde habrán de renovarse autoridades en 16 entidades); los que siempre fueron minoría en el movimiento obradorista, porque la amplia base social y las dirigencias históricas y de gran poder electoral en la izquierda de la llamada ‘cuarta transformación’ que hoy preside el Estado mexicano, no se hicieron, por supuesto, en la marginalidad atomizada y radicalizada de las organizaciones procomunistas, estudiantiles y guerrilleras de los viejos tiempos, sino en el PRI, y hoy día la pugna morenista está determinada entre esos flancos: el mayoritario que quiere congregar todos los oportunismos (que quieren redimir sus bastardías y renacer limpios de pasado) porque tiene esos genes tricolores originarios y sin escrúpulos, y el del claudismo, cada vez más apremiado en su cápsula periférica de preservación de los principios originales del cuatroteísmo que hicieron que una líder izquierdista exógena y procedente de las minorías estudiantiles radicales no forjadas en el viejo ‘socialismo’ tricolor, fuera elegida por el expriista fundador de Morena para consolidar su causa en una nueva era que hiciera olvidar sus orígenes tricolores, algo que, por lo que puede verse, no ocurrirá. Porque si bien la Presidenta tiene los más altos índices de aprobación popular, sigue siendo el obradorismo expriista el verdadero artífice de los mismos. Y si Andy gana su propia causa, podrá contar con eso del mismo modo.
Y en esas vislumbres de ruptura el Niño Verde toma posiciones. Él cobra haciendo mayorías ajenas con mínimos diferenciales propios y conquista gubernaturas y Poderes integrales en los Estados que gobierna a plenitud, como Quintana Roo y San Luis Potosí, aunque más en el primero que en el segundo, donde su control no es absoluto. Y enfrentará la fragilidad claudista y sus reformas antirreleccionistas y antinepotismo, y amagará con la suspensión de la alianza de su partido con el de la Presidenta. Sabe que las dirigencias parlamentarias federales son anticlaudistas y favorables al basurero afiliacionista de Andy, que anda en plan de constructor de militancias masivas indiscriminadas en torno de sus fiebres presidenciales sucesorias y de que Gobernadores y Alcaldes lo surtan de votos, en su momento, a cambio de favorecer sus propios proyectos sucesorios y caciquiles locales.
El Niño Verde perdería la segura sucesión verde de San Luis Potosí si la esposa del Gobernador no puede relevar a su esposo debido al impedimento de la claudista ley antinepotismo. (Aunque encontrarían suplencias y alternativas, como las encontrarían los Salgado en Guerrero, los Monreal en Zacatecas y los Villarreal en Tamaulipas; los caciques guindas de irrenunciables herencias y enseñanzas tricolores, o los verdes, como los más diestros operadores del chantaje y la ganancia política, sabrán qué hacer; la Presidenta no pondrá en jaque sus monopolios políticos con una simple legislación contra la inmoralidad y la perversidad públicas. Ya se vio en Quintana Roo: la reforma judicial del Constituyente federal se deformó en la entidad a modo del Niño Verde con una simple contrarreforma convenida entre el Ejecutivo y el Legislativo que nadie objetó, y la prohibida reelección del Presidente del Tribunal Superior de Justicia y su evasión de las urnas para postularse al cargo tampoco tuvo consecuencias de igual manera, como antes fue la reelección del Fiscal del Estado por absoluta unanimidad. Claudia ordena y el Niño Verde decide si cumple o no. Y Claudia es cómplice o se chupa el dedo de que los chalecos guindas son sólo tapaderas de los corazones que palpitan al son de las órdenes y los negocios del Niño Verde.)
El handicap será el de las sucesión gubernamental caribe del 27. ¿Qué pasa si, como la lógica indica, no hay alianza verdemorenista? ¿Los aspirantes verdes se quitarían los chalecos guindas? ¿Los morenistas tricolores de Andy los denunciarían como impostores si no se los quitan? ¿Y convencerían a los electores confundidos y poco críticos del obradorismo de que votaran por el padrino Mollinedo? ¿Y Claudia, sería un cero a la izquierda y de la izquierda ante esta guerra de verdes dueños del Estado contra morenos tricolores prestos a afiliar y a movilizar a toda suerte de aspirantes a engrosar la ‘cuarta transformación’, sean lo que sean ellos y sea cual sea su procedencia militante y sea lo que sea para entonces ese llamado Movimiento de
Regeneración Nacional?
SM