La reforma electoral de la regeneración moral

4
Foto: Cuartoscuro

Signos

Lo que no se entiende bien es el por qué y el para qué de una nueva reforma electoral de pacotilla justo ahora. ¿Para qué ir por modificaciones constitucionales imposibles si se sabe bien que se obtendrán apenas pírricas ganancias?

Si te asocias con delincuentes para ganar una causa por la regeneración moral, según predicas, y luego los necesitas y los convocas para eliminar a esa delincuencia que ellos encarnan y representan, ¿no es como reincidir en la pulcritud circular de la política del Tío Lolo?

Porque según hace saber la Presidenta lo que se quiere es acabar con las ilegitimidades y los negocios electorales y falsamente representativos de la voluntad popular, pero para eso se necesita una enmienda constitucional que debe contar con los sufragios parlamentarios de aliados partidistas llegados al Congreso federal y a los estatales mediante el uso perverso de las leyes que se quieren eliminar para evitar esos abusos representativos en el futuro.

Y al final del recorrido estéril anuncia la Presidenta que, bueno, ella hace lo que le corresponde, que es promover la iniciativa en los términos más reformadores y de mayor profundidad democratizadora en los que cree, pero que a final de cuentas corresponde al Legislativo, tras los acuerdos a que lleguen su partido (Morena) y sus pérfidos aliados (Verde y del Trabajo, cuyo poder de decisión se debe a lo que la Presidenta dice que quiere suprimir: el uso de la proporcionalidad utilitaria de un sufragio usurpado a los electores gracias a una legislación equívoca que ella dice querer reformar porque promueve un poder partidista que no procede de la voluntad directa del electorado ni expresa a las minorías); corresponde a ese Legislativo y no a ella, a final de cuentas, dice la Presidenta, formular la reforma final en los términos que a todas las partes convengan; es decir con las concesiones menores que a los jefes partidistas aliados y beneficiarios de la legislación electoral vigente convenga hacer a la iniciativa defendida por el partido presidencial y sus legisladores, y que por angosta y maltrecha que resulte ella tendrá que suscribir y promulgar.

¿Para qué entonces una iniciativa presidencial que sólo va a probar que los caciques malhechores de los partidos Verde y del Trabajo pueden seguirse saliendo con la suya a costa de su mayoría presidencial aliada que termina siendo la perdedora?

Porque si no hay profundidad (y no la habrá, porque los dueños absolutos de sus franquicias partidistas y ganadores principales de una democracia incivil no dejarán de ganar dinero como industriales de la política y del chantaje electorero y seguirá adelante el despilfarro del erario en partidos, candidaturas y elecciones ganadas por representantes de grupos empresariales, políticos y del crimen organizado) pareciera que la Presidenta sólo ha querido hacer propaganda con buenas intenciones, lo que le aplaudirán acaso, y mucho, los verdaderos beneficiarios de la propaganda de la regeneración moral.

Y si no iba a haber una reforma de valor y con verdaderos réditos presidenciales, ¿por qué no dejar mejor fuera de la agenda de prioridades esa bagatela y negociar parcelas de poder verdaderas: que el Niño Verde vaya solo con sus candidatos verdes y la Presidenta con los suyos guindas. Por ejemplo. ¿Acaso no se tienen recursos presidenciales suficientes de poder contra esa lacra política que acaba con entidades como la caribe? ¿Se necesita algo más, como una fuerza de tarea especial tan poderosa como la que exigió acabar con el Mencho, que estableció su paradero y giró instrucciones inequívocas para hacerlo?

SM

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *