Las candidaturas del morenismo en tiempos difíciles

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Signos

Muy bien, los pretendientes a Alcaldes, Regidores, Diputados locales y federales, Senadores, Gobernadores y a todo cargo de representación popular de elección a renovarse en un par de años, andan en abierta campaña para obtener las postulaciones de cada caso, y los ganadores lo harán luego por las posiciones representativas en disputa y pasando de igual modo, faltaría más, por encima de las prohibiciones que determina la legislación electoral, porque la misma es una legislación tan deficiente que sobran los modos de violentarla en lo esencial, empezando por el financiamiento ‘negro’ (que según estudios especializados representa las tres cuartas partes del gasto total del proselitismo y lo componen los fondos desviados del erario por los gobernantes más los de los grupos empresariales y del crimen organizado para patrocinar a sus candidatos) y siguiendo con las condiciones y los tiempos propios de la propaganda; una legislación inútil por cuanto más que gobernar y ejercer sus responsabilidades institucionales, los gobernantes y personajes del poder político dedican la mayor parte de su tiempo a lucrar y hacer negocios privados, a promoverse para otros cargos o a promover a quienes mejor les puedan servir, en un tiempo donde el quehacer político se ha banalizado como nunca en la historia, donde las excepciones de valor se han reducido a nada, y donde la prédica de la regeneración moral es cada vez más voz de los peores mercenarios. (¿Cabría esperar que en un país dominado por la incivilidad irremediable y las decisiones de facto, la reforma electoral que promueve el oficialismo acabe con los turbios negocios sucesorios y las imposiciones de los poderes económico, político y criminal en las elecciones? Bueno, si algo sobra en esa cultura del engaño son ilusos y traficantes de la fe de ‘la renovación moral de la sociedad’, aquella que predicara en su campaña presidencial Miguel de la Madrid, empezando los ochenta, cuando aún Andrés Manuel era priista y el país se desbarrancaba en la corrupción lópezportillista y en el saqueo absoluto del tesoro nacional.)

Hoy día no es nada extraordinario asegurar que la Presidenta Sheinbaum sería factor en los resultados de las encuestas de las que saldrán los candidatos de su partido para las elecciones venideras y que habría de ‘palomear’ a cada uno de los ganadores. Muy bien, pero ¿serían sus candidatos?, ¿los de su visto bueno como los idóneos de su partido y de ella misma por su cualidad ética y las virtudes representativas de su ideario ideológico y su compromiso con el ‘pueblo’, el de la izquierda y en nombre del que la Presidenta asegura gobernar? ¿O serían los de la izquierda de los Gobernadores?, ¿los candidatos de los grupos de poder de los Estados, como cuando la hermana del Gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, y también exmilitante del PRI, fue primera en las encuestas del partido Movimiento de Regeneración Nacional y al cabo candidata y ahora Munícipe de Tampico, Tamaulipas?; ¿coincidió, con los principios ideológicos presidenciales de la regeneración moral, el orgullo feminista del nepotismo de izquierda del Gobernador, Mónica Villarreal Anaya, no obstante que la Presidenta haya condenado siempre el nepotismo y aunque lo haya querido prohibir y proscribir de la Constitución de la República mediante una reforma que le vetó a fin de cuentas el partido aliado, el del Niño Verde, quien controla el oficialismo morenista de izquierda en Quintana Roo, y quien tanto se identifica con el Gobernador humanista tamaulipeco en defender los intereses del nepotismo que dice condenar la doctora Sheinbaum? ¿Los izquierdistas que palomearía serían distintos de los izquierdistas promovidos por los grupos del expriismo izquierdista que los financiarían con los fondos negros del erario y los de los empresarios y los del crimen organizado cuyos intereses defenderían esos aspirantes izquierdistas a las posiciones de representación popular en sus respectivos Estados?

Rafael Marín Mollinedo, por ejemplo, el actual jefe aduanero nacional y aspirante en segunda oportunidad a gobernar Quintana Roo tras ser sacrificado en favor de la actual Gobernadora Lezama para garantizar los votos de la alianza con el partido del Niño Verde, ¿es un izquierdista de los de la minoría doctrinaria de Claudia o del expriismo popular de Andrés Manuel? ¿Tiene la Presidenta vela en ese entierro sucesorio, sea que se decida que gane la encuesta del Morena el actual funcionario aduanero obradorista o el candidato del Niño Verde, el Senador Gino Segura, el Gino verde? ¿No dependerá, como cuando ganó la ahora Gobernadora Lezama, del equilibrio de fuerzas en el Congreso federal?; ¿de los saldos que se adviertan para el oficialismo, en la hora de la hora de los ‘destapes’ que más convengan, tras los tantos reveses de opinión pública en su contra, y donde sin querer queriendo ese oficialismo estimula a sus opositores acreditando a la derecha y a la ultraderecha los reveses derivados de todas las manifestaciones de inconformidad, también obradas por el enemigo, al que, por otra parte y en el más perfecto contrasentido de su propaganda, califica de moribundo y de no tener más recurso político que el de esas agresiones revanchistas, como patadas de ahogado, para resistir? Porque si alguien sabe hacer radiografías de la circunstancia política para negociar sus potenciales alianzas, es el Niño Verde, cuya sede de sus negocios y proyectos es Cancún, como residencia es, asimismo, de Marín Mollinedo. Jorge Emilio González Martínez ha alimentado su poder en la destrucción política que han significado para Quintana Roo las fuerzas partidistas del PRI del PAN y del PRD que lo han gobernado desde los tiempos de la alternancia presidencial panista en el amanecer mismo del año dos mil, hace ya un cuarto de siglo. Y ha condicionado, incluso al más carismático y popular Presidente de la República de la historia de México, a respetarle sus fueros de dueño político de la Entidad caribe, a cambio de los votos parlamentarios de su partido en el Congreso de la Unión. Ocurría en tiempos del mayor poder obradorista. ¿Ocurriría ahora, cuando ese obradorismo dominante de la izquierda expriista popular ha sido relevado en el supremo poder del Estado mexicano por el de la izquierda doctrinaria claudista y que combate con propaganda de calle lo que acusa como embestidas de la derecha y la ultraderecha sin consignar pruebas decisivas ni culpables verdaderos del más alto perfil? ¿Va a negarle Claudia el palomeo a los ganadores de las encuestas decididos por el Niño Verde o por los grupos de poder de los Gobernadores? ¿Lo va a hacer, o va a confirmar su victoria en las encuestas como propia? ¿Y serían de su izquierda esas candidaturas, o las de la delincuencia mayoritaria de la regeneración moral? 

SM

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