
Signos
Más que la pregunta de qué grupo delictivo controla qué territorios podría ser mejor la de dónde están las autoridades inmediatas que debían defender a las comunidades y dónde los grupos políticos opositores que debían denunciar a esas autoridades omisas o cómplices de los delincuentes y, por tanto, tan delictivas y punibles como ellos.
Porque en la opinión pública suelen acusarse o defenderse las campañas contra el crimen organizado y sus éxitos y fracasos contra tales o cuales organizaciones y jefes mayores, pero no se habla a fondo, y menos con nombres y apellidos, de sus entornos públicos, políticos, partidistas, empresariales y representativos, en las instituciones del Estado, de las comunidades amenazadas y sometidas por las manadas de sicarios que tienen más presencia en ellas y son a menudo más conocidas que los representantes mismos de la autoridad, a la que suele señalarse como socia y protectora de los criminales (por activa o por pasiva, que lo mismo da, porque la legitimidad la hace el cumplimiento de la ley y del deber): de los extorsionadores, narcotraficantes, huachicoleros, secuestradores y todo tipo de asesinos despiadados que sean.
¿Dónde están las autoridades de esas pequeñas poblaciones violentadas una y otra vez por los sicarios, y en urbes medias o mayores donde los líderes de las bandas mueven sus negocios y deciden masacres a cualquier hora?
¿Qué hacen los Alcaldes de las inmediaciones y los representantes, en sus Municipios violentados, de los Gobiernos estatales y del federal? ¿No saben de los grupos armados que habitan y rondan en sus alrededores?
Y cuando la violencia se desborda, y cuando la corrupción que ampara los negocios de la delincuencia revela la magnitud ilícita de la autoridad gobernante, ¿donde están las fuerzas políticas opositoras para denunciarlas y fortalecer su propia causa partidista mediante la condena a la traición de los oficialistas?
Muy bien: no hay quién gobierne. Las municipalidades están bajo fuego o están compradas en concesión por los malandros. El ‘narco’ ataca, por ejemplo, en todo el Caribe y en las comunidades mayas. El trasiego de drogas y mercancías prohibidas no tiene quién lo impida en la frontera internacional de Subteniente López. En la comunidades rurales impera la ley de los bien identificados traficantes de drogas y extorsionadores. Las denuncias en unos y otros foros digitales sobre operaciones y mandos de los cárteles se multiplican, y aunque sean de distinto rango de verdad y credibilidad lo cierto es que la violencia que se acredita a esas operaciones y a esos mandos es innegable. Tan cierta como que los Consejos de Seguridad estatales y sus informes son tan irrelevantes como contrastantes con la caótica e ingobernable realidad que se vive, y que se vive porque la autoridad no ejerce, o porque ejerce a merced de la criminalidad que se impone (que no es lo mismo pero es igual).
¿Nadie sabía en Tapalpa que la vasta y exclusiva propiedad inmobiliria y recreativa donde fue encontrado el Mencho estaba bajo sospecha en Estados Unidos desde hace más de una década como posible activo asociado a sus negocios?
Policías de todos los niveles, Alcaldes, Gobernadores, espías encubiertos, agentes investigadores, profesionales mediáticos, ¿nadie sabía nada, hasta que las fuerzas del Sistema Federal de Seguridad de México fueron informadas por la nueva Fuerza de Tarea Anticárteles de Estados Unidos de que por el gran predio turístico de Tapalpa, donde se le halló, solía hospedarse y merodeaba el Mencho?
¿Nadie sabe nada de los cárteles que controlan Quintana Roo? ¿Nadie sabe por qué nadie hace nada contra el ‘narco’ en todos los Municipios del Estado caribe donde mata e intimida? ¿Por qué nadie hace nada en contra de los vacíos de autoridad o de las complicidades de la autoridad contra los criminales?
¿No se enteran los Alcaldes del crimen organizado que se impone en sus alrededores (que son los de la primera y más inmediata demarcación republicana); de dónde viven sus ejecutores, por dónde se mueven, y si los equipos municipales de Seguridad están permeados y sus jefes son o no corruptos? ¿Nada saben los Regidores responsables de esas áreas de Seguridad y de Gobierno? ¿Y nada saben las oficinas de representación estatal y federal con responsabilidad ahí?
No. No es que el Estado Nacional no pueda contra el crimen. Es que la delincuencia política es más poderosa. La cultura de la corrupción se impone sin excepciones.
Está claro que los grupos gobernantes son los que hacen la fuerza de los cárteles. Pero está claro, asimismo, que si los opositores callan en lugar de usar las cartas de esa complicidad en contra de aquellos, es porque también son cómplices.
SM