¿Soberanía o peligrosa politiquería?

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Signos

El poder del crimen organizado es proporcional al de la delincuencia política asociada a él y a la debilidad institucional y gobernante que favorece su dominio, su crecimiento en la toma de decisiones públicas, su mayor control de autoridades, la progresiva representación de sus intereses en el Estado, y una simbiosis entre la corrupción de los Poderes republicanos y los grupos criminales, donde, en efecto, no puede sino concluirse que en casi todo el país se impone el crimen; que donde mayor violencia y evidencia delictiva tiene lugar, más responsable es la autoridad representativa de esos territorios, y sobre todo mientras más influyente e impune es su poder, como el de los Gobernadores, y más respaldo tiene, dicha autoridad, del liderazgo superior de la nación, el presidencial, y de más discrecionalidad, arbitrariedad y libertinaje dispone para lucrar; para usar su investidura con fines criminales bajo el auspicio protector de su marca partidista -o de la gran aprobación popular de la que fue dotada por el carisma populista de su fundador y por la fuerza electoral que suponen los financiamientos directos de su política social-, lo que convierte su postulado por la regeneración moral de la vida pública en el más desaseado y condenable de los mecanismos de propaganda al servicio de los más depredadores y punibles delincuentes políticos mexicanos.

Si esos grandes delincuentes del poder político controlan los sistemas de Justicia de sus demarcaciones representativas y se les permite someter a sus condicionamientos fácticos los mandatos constitucionales que juran respetar -como es sabido por cualquiera en esos ámbitos donde los sicarios y los negocios de sus jefes se mueven a la vista de la población y con la tolerancia de la autoridad-, ¿será muy difícil para los sistemas de espionaje de la superpotencia yanqui saber cuáles son los factores del poder político que favorecen el narcotráfico en México e identificar ante su Gobierno a quiénes de ellos está protegiendo la Presidencia izquierdista del país en tanto se abstiene de investigarlos y de procesarlos desde la Justicia federal?

Lamentables, se advierten los estándares políticos presidenciales frente al más insolente jefe de la Casa Blanca de todos los tiempos y el más amenazante en el uso de sus recursos imperiales y más dueño que ninguno de sus antecesores en el uso de recursos legales para movilizar los aparatos coercitivos y represivos de su nación con el propósito de amedrentar al resto del mundo (lo que advierte, de paso, que su aparato constitucional y representativo, el del pueblo líder del ‘Mundo libre’, es tan democrático como el de las tiranías colonialistas más despóticas de la historia).

Lamentables, sí, porque ante la evidencia inocultable, sabida por cualquier hijo de vecino y más conocida que nadie por los jefes de la Inteligencia global, la Presidenta se empeña en culpar al pasado de una criminalidad y de una inseguridad que son los peores males del país que ella preside y de los que el mundo entero sabe a ciencia cierta que son culpa de la corrupción y la complicidad del poder político de ayer y siempre.

Lamentables, de veras, porque con Gobernadores como los truhanes de su legión partidaria (de izquierda) no se hace la diferencia con los opositores (de la derecha). Y porque añadirles el baño de pureza de la biblia de la renovación moral, de su partido de la Regeneración Nacional, sólo los hace que enseñen más el cobre y los colmillos de sus andanzas por el muladar.

Por supuesto que bien se sabe que son los recaudadores de esa causa de la Regeneración Nacional. Que han sido decisivos en las elecciones pasadas y que lo serían ahora, en la nominación de los candidatos de su partido para los comicios venideros. Que son los promotores esenciales de los financiamientos necesarios de esas candidaturas y del éxito de las mismas y del oficialismo partidista que busca preservar sus amplios perímetros de influencia. Que lo mismo fraguan retorcidas y antipopulares alternativas fiscales para incrementar los fondos negros de sustentación de los elegidos a defender en las urnas los intereses de los grupos gobernantes, que favorecen la recaudación, con el mismo fin, de sus bandas aliadas del crimen organizado. Y que son lo mismo que los delincuentes políticos de ayer, en efecto. Pero con la diferencia de que muchos de aquellos son los mismos que ganan hoy, rebautizados en las fétidas aguas de la pila de la renovación moral.

¿Se cree que no se enterarían los yanquis trumpistas de la DEA, la CIA y la Inteligencia militar por qué mataron al Comandante Heras o a Melesio Cuén el día que secuestraron al Mayo y se lo llevaron a Estados Unidos? ¿Ni por qué protege la Presidenta Sheinbaum a los Gobernadores de Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Tamaulipas, Sonora, Baja California, Quintana Roo y al resto de la ralea gobernante de otras tantas Entidades identificadas como predios de poder del crimen organizado?

Los de antes, los de ayer, esos son los culpables de todo, dice en redondo la Presidenta. Como si los yanquis se chuparan el dedo creyendo que los puristas de la Regeneración Nacional son inocentes sólo por no ser priistas ni panistas. Y como si ese discurso ridículo en favor de la financiación de su partido y de su liderazgo presidencial, acreditado como izquierdista, no la exhibiera, como cómplice de los delincuentes políticos o como enemiga de la inteligencia política necesaria para negociar en estos tiempos de salvaje y feroz internacionalismo en que defender ideologías o soberanismos es igual que alegar los principios de la libertad y el derecho ajeno acogotado delante del arma de un sicario ejecutor de la víctima de al lado.

SM

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