Eutanasia, alto privilegio de la democracia

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Signos

Tema de opinión pública en curso: ¿debe México legalizar la eutanasia?

Uf. De gran relieve humanístico y democrático. En torno suyo giran principios de alta definición histórica.

Lo paradójico es que no es sino uno de los prejuicios más antiguos de la Humanidad:

La vida es sólo de Dios o del Estado.

Y contra el poderoso dogma originario no ha existido fuerza civilizatoria ninguna que le reconozca y le entregue al ser humano su derecho natural a la dignidad de dejar de vivir cuando él quiera y en las mejores condiciones que un Estado (mínimamente) civilizado puede y debiera proporcionar.

Es incomprensible que algo tan primitivo y tan elemental se siga manteniendo y requiera tanta discusión.

Es uno de los mayores signos de barbarie fundamentalista tras tantos milenios y entre tanta modernidad. Y donde la legalización del suicidio sigue muy detrás de tantos y tantos genocidios perpetrados por poderosos liderazgos de Estado con la venia, a menudo, del derecho internacional.

Gran vanguardismo en estos tiempos digitales postreros entraña que se legisle a favor de que, cuando el sufrimiento es intolerable y absoluto, alguien pueda morir asistido por un servicio de salud y la debida vigilancia ministerial que testimonie que no hay allí un crimen doloso.

Mueren los niños indefensos bajo el bombardeo implacable de las más ejemplares democracias universales.

Exterminios colonialistas han sido bendecidos por la voluntad constitucionalizada de sus pueblos y sus liderazgos institucionales y políticos y representativos.

Los regímenes defensores de una y otra fe han autorizado y autorizan violencias inauditas en defensa de sus credos, o venganzas sangrientas en nombre de esos ordenamientos y legados bíblicos inmaculados.

Sádicos culpables de los más crueles e inhumanos actos homicidas son salvados de castigos mayores mediante dosis inyectadas de alucinógenos letales, los que en lugar de los calvarios merecidos les permiten placenteros y misericordiosos sueños de despedida que a final de cuentas terminan siendo premios de destinos forjados para el sufrimiento desmedido de sus víctimas, o complementos terminales de la dicha que estas les proporcionaron con la horrenda muerte entre sus manos asesinas.

Pero que un ser humano cualquiera pueda optar por irse de manera voluntaria de este mundo agobiado por la vida pero sin dolencias corporales suficientes y con el beneficio de la ley, nunca. ¡Es atentar contra el derecho ajeno! ¡Tu vida es decisión de los otros!

Sólo podrá hacerlo, claro está, si su salud física es insostenible, y si tiene derechos suficientes en una patria con un pueblo muy civilizado (así sus antepasados hayan cometido masacres imperiales en el Congo, el Orinoco, el Nung, el Misisipi y más de medio mundo saqueado o esclavizado) donde se reforme la ley, para que en condiciones de salud física y con probadas manifestaciones de dolor extremo, la autoridad le conceda el privilegio superior, casi divino, de permitirle que lo asistan legalmente para poder, por fin, irse a la mierda.

SM

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