
La última palabra
– La familia Barbachano es dueña de Chichén Itzá. ¡Sí! Así como lo oye. Han habido resoluciones legales y de compra y devoluciones y demás, pero por décadas la familia Barbachano era/es dueña de Chichén Itzá; la familia sigue creyendo que lo es, Eugenio también.
Por Jorge A. Martínez Lugo
Es un patrón. Herederos de una fortuna repartida, venida a menos; necesita mantener y acrecentar, llegan a Quintana Roo en plan de enriquecimiento VIP para mantener el nivel económico de la familia, del linaje.
Barbachano quiere extender el dominio de su apellido de Chichén Itzá a Tulum, porque le viene en la sangre azul; es un derecho de casta, de linaje.
LLEGA MINTIENDO AL PAN
Su primer paso en el PAN fue una explicación no pedida: llegué como “independiente” renegando. Llegó como ¡nada! La primera mentira llegando llegando.
Encarcelaron al regidor taxista y el suplente fue presionado para que renunciara; entonces, el Concejal aprobó la propuesta de su alma gemela Diego; así llegó, por dedazo ni siquiera como “independiente”. ¿Eso le habrá dicho a Jorge Romero?
Con una mentira de esta dimensión hace su arribo al PAN un “cachorro” de la casta divina yucateca en Tulum.
LA DEBACLE DE TULUM Y EUGENIO
Ahora renuncia y critica lo que él mismo diseñó y construyó: la debacle de Tulum como destino. Modelo fallido por sus amaños. Ahora a construir otro, eso ya le tocará a la próxima administración 2027-2033. Por lo pronto el otro Eugenio se va al PAN y ya se siente en terreno ¡natural!
El señorito Eugenio está haciendo fortuna por él mismo, se fue a las indias, a Quintana Roo, a minar capital en esa tierra de nadie, a mantener en dignidad el palmarés familiar de riqueza y superioridad de casta.
Es valiente ese Eugeniecito. Usted tiene la última palabra.