Entre plagas de Judas y Rocha Moyas, el renacimiento de Claudia

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Signos

Entonces le iría bien a la Presidenta:

Rocha Moya quedaría a Merced de la Justicia estadounidense por voluntad propia (porque él decidió violar la condición de investigado en su país, para protegerse de todas las acusaciones promovidas en su contra en Estados Unidos, con un fuero constitucional del que no habría más remedio ahora que despojarlo), y se habría tornado más vulnerable que nunca y más a merced de sus perseguidores extranjeros, entonces, por culpa de él mismo, y no por el incumplimiento de compromisos claudistas con Andrés Manuel y su delincuencia política. Puesto que el procedimiento ministerial mexicano al que Rocha renunció era para librarlo, en lo posible, de la inquisición yanqui derivada de la sopa soltada en Nueva York por los testigos implicados en la narcopolítica sinaloense de prioridad ‘americana’.

Se salvaría la divisa de la propaganda del soberanismo izquierdista mediante el seguimiento protocolario en México de la carpeta de investigación del Gobernador mientras se convienen los términos diplomáticos de la extradición, y se fortalecería la relación con el régimen trumpista en la línea en que los jefes de su política anticrimen reconocen la exitosa alianza con el Gobierno de México y su Presidenta, la mejor de la historia bilateral, a través de su máximo jefe de Seguridad, Omar García Harfuch.

Sí, el desgaste de salud de la Presidenta no puede ser sino tan natural como evidente. Pero acaso esos malestares de su histórica y tremenda circunstancia política sean más para quitarse un peso de encima.

Tiene años por delante para enmendar y construir un liderazgo presidencial. Y hasta novatos políticos como De la Madrid y Zedillo pudieron, como Presidentes, sacudirse imposiciones que parecían imposibles, como las de Cárdenas respecto de Calles.

Quizá la cosa apenas empieza. Porque Rocha Moyas quedan tantos como los Gobernadores abajo firmantes mismos que, firmando en contra suya, quieren parecer que no son de la misma ralea delictiva de ese, al que acuchillan ahora en nombre de la fidelidad a la nueva defensora de ‘La transformación’.

Habría que cargar la cruz de las fracturas, de las confrontaciones de Monreales y Noroñas, y arrancar las máscaras de infieles y aduladores, como las de los Gobernadores mismos de la regeneración moral. Que hay mas Judas en la política que en el infierno.

SM

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