Adidas y Puma nacieron del odio entre dos hermanos

Pinceladas

Dicen que no hay un amor tan grande como el que dos hermanos pueden sentir mutuamente. Adolf y Rudolf Dassler decidieron dejar a un lado su amor fraternal para dar cabida al odio. Reencarnaron en Alemania al Caín y Abel bíblicos…

Santiago J. Santamaría Gurtubay

Según el Génesis (el primer libro del Antiguo Testamento), Caín fue el primogénito de Adán y Eva, es decir, su primer hijo varón. En la Biblia, Abel, es el segundo hijo de Adán y Eva. Fue asesinado por su hermano Caín, quien envidiaba la satisfacción divina con las ofrendas de Abel; de acuerdo con el relato, el suyo fue el primer asesinato de un ser humano. Estos hermanos presentaron sus sacrificios a Dios en sus respectivos altares; al verlos, Dios prefirió la ofrenda de Abel (las primicias y la grasa de sus ovejas) a la de Caín (dones de los frutos del campo), Caín enloqueció de celos y mató a su hermano. Después de esto, volvió a sus cultivos. Al ser interrogado por Dios acerca del paradero de su hermano, Caín respondió “¿Acaso soy el custodio de mi hermano?”. Sabiendo Dios lo que había ocurrido, castigó a Caín condenándolo a vagar por la tierra.

Este fratricidio obsesionó a muchos escritores, a lo lago de la historia de la humanidad. Herman Hesse, premio Nobel de literatura, en su novela ‘Demian’ (1919) narra el mito bíblico de Caín y Abel, agregando una interpretación subjetiva del mismo. Manuel Vicent escribió la novela ‘Balada de Caín’ que recibió el Premio Nadal en 1986. En esta obra Caín es narrador y protagonista. José Saramago escribió una novela narrando la historia de Caín desde su perspectiva personal de cómo sucedieron los hechos. Charles Baudelaire también lo menciona en su poema ‘Abel y Caín’ que aparece en su libro ‘Las flores del mal’ de 1857. Miguel de Unamuno escribió, en 1917, ‘Abel Sánchez: una historia de pasión’, obra en la que reelabora el mito de Caín y Abel, contextualizándolo en la España de la época, a través de los protagonistas Joaquín Monegro y Abel Sánchez. Toda la novela se centra en la envidia de Joaquín hacia Abel. En ‘Caín y el cainismo en la Historia Universal’ (Madrid, 1975). Leopold Szondi atribuye gran importancia a la polaridad Caín-Abel. El deber del individuo es reconocer a Caín y Abel en sí mismos, como contradicciones complementarias (polaridades) y vivirlas. Este deber encuentra su expresión simbólica en la figura integral de Moisés. En la persona de Moisés, la combinación dialéctica de Caín y Abel conduce a la constitución de las eminentes cualidades humanas de conciencia y ética.

Adolf y Rudolf Dassler, estos hermanos alemanes se encarnizaron en llevar sus vidas en medio de una batalla sin cuartel cuya rivalidad surgió por sus diferencias ideológicas y creció por la ambición de convertir a sus marcas, Adidas y Puma, en las mayores compañías de calzado deportivo. Corrían los años 20 (del siglo XX) cuando los Dassler trabajaban en su negocio familiar de confección de zapatillas y pantuflas en la localidad bávara de Herzogenaurach, cuya fábrica llamaron “Gerbüder Dassler Schuhfabrik”. Si bien sus productos aún no tenían una marca específica, la calidad de estos fue conocida por el entonces entrenador del equipo alemán de atletismo Josef Waitzer. Por aquellos días los dos hermanos se complementaban muy bien. Adolf, a quien llamaban Adi, era el virtuoso del diseño, mientras que Rudolf se desenvolvía mejor en las relaciones públicas. La combinación de sus talentos llevó rápidamente a los Dassler a colocar sus zapatillas en los pies de los atletas que participaron en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936.

Jesse Owens compitió en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 con las primeras zapatillas Adidas, con Adolf Hitler en la tribuna

Con la aparición del nazismo en Alemania, su negocio tomó aún más fuerza, pues para el régimen el deporte era una de las mejores formas de “mejorar la raza”. Sin embargo, el inicio de la Segunda Guerra Mundial confrontó a los hermanos en relación a sus ideologías. Hitler ordenó que la fábrica de los Dassler fuera usada como un arsenal, lo que hizo que Adi se resistiera a conformar las filas militares, mientras que Rudolf decidió apoyar la causa nazi integrándose a sus tropas. Desde ese momento, las circunstancias acaban por forzar la separación de los dos hermanos. Al terminar la guerra, y luego de un juicio llevado a cabo por los Aliados para determinar el nivel de adhesión a la ideología nazi, Adi logró conservar la propiedad de su fábrica. Rudolf, por su parte, tuvo que trasladarse con su familia a otra zona de la localidad para establecer allí un pequeño negocio tras haber sido denunciado por su propio hermano como seguidor del nazismo. Con esto, una parte de los empleados (en su mayoría vendedores) se fue con Rudolf, mientras que el resto (el equipo de diseñadores) decidió quedarse con Adi. Así entonces, la ruptura produjo el nacimiento de dos grandes marcas deportivas: Puma, creada por Rudolf en 1948 y Adidas, fundada por Adi un año más tarde. A partir de ese momento iniciaría la incesante competencia entre Adidas y Puma.

Jesse Owens compitió en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 con las primeras zapatillas Adidas. El primer triunfo de esta disputa comercial lo consiguió Adi en la Copa Mundial de Fútbol realizada en Suiza en 1954. Su hermano Rudolf subestimó la capacidad del entrenador alemán Sepp Herberger, situación que aprovechó Adidas para hacerse al contrato que dotaría al equipo nacional de zapatillas con tacos ajustables diseñados para no resbalar dentro del campo de juego. Justo un aguacero los puso a prueba durante el encuentro contra el seleccionado de Hungría, en donde los alemanes se llevaron la victoria 3-2 gracias a la eficacia del calzado. El enfrentamiento continuó con la siguiente generación. Horst, el primogénito de Adi y gran impulsor de Adidas, usó sus influencias para detener cargamentos de Puma y quedarse con la venta exclusiva de zapatos en los Juegos Olímpicos de México 1968. Por otra parte, Armin Dassler, hijo de Rudolf, consiguió destacar su marca al lograr que un talentoso joven brasileño, conocido como Pelé, usara en 1970 uno de los modelos Puma para jugar la Copa Mundial de Fútbol de México. Rudolf Dassler murió el 6 de septiembre de 1976. Su hermano Adi no asistió al funeral, y para hacer más evidente el distanciamiento entre las dos familias, Adidas publicó un mensaje que decía: “Por razones de piedad humana, la familia de Adolf Dassler no hará comentario alguno sobre la muerte de Rudolf Dassler”. Adi falleció cuatro años más tarde. Ni estando muertos cesaron su odio, pues su tumba fue ubicada donde más lejos pudiera estar de la de su hermano. Adidas y Puma dejaron en ambos casos de ser negocios familiares. En 1990, Adidas pasó a pertenecer al magnate francés Bernard Tapie. Luego Puma fue vendida a la multinacional francesa PPR. Actualmente son dos de las marcas de equipamiento deportivo más conocidas del planeta, producto de una rivalidad fraterna entre dos hermanos.

Cuba tuvo a Adidas como suministradora oficial del deporte de élite desde 1968; en el 2015 apostaron por Puma

Las firmas alemanas de ropa deportiva mantienen todavía una férrea competencia desde que fueron creadas, a finales de la década del 40. Adidas vistió a los atletas cubanos desde 1968. Recuerdo que cuando coeditamos la revista de deportes ‘Récord’ en La Habana, junto al INDER, el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación de Cuba y la empresa estatal Cubadeportes, Adidas era la suministradora oficial del deporte de élite cubano. En nuestra contraportada iba la imagen de Adidas. Todo esto permaneció hasta el 29 de mayo del 2015 cuando se dio a conocer la ‘venganza’ eterna del nazi  Rudolf Dassler: Atletas cubanos vestirán Puma y no Adidas en los próximos juegos Panamericanos de Toronto y en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, anunció la empresa en su cuenta de Twitter. La relación de Adidas con Cuba comenzó en 1968 cuando vistió a los boxeadores que partían de Cuba hacia los Juegos Olímpicos de Pekín y en 1980 a toda la delegación de los Juegos Olímpicos de Moscú. Desde entonces, los atletas y entrenadores recibían tres conjuntos de ropa al año de un almacén que Adidas tiene en Cuba, así como guantes y otros implementos deportivos. Además, se convirtió en el principal proveedor de los equipos de béisbol de la isla, el deporte más popular de los cubanos.

Freddie Mercury, el líder de Queen, ‘paralizó’ los Sanfermines, el 12 de julio de 1986, con su concierto en Wembley, Londres. “Nunca he visto a un hombre atrapar, no solamente a las fiestas más famosas del mundo, las que se celebran en julio en Pamplona, Navarra, en el País Vasco de España, descritas por el escritor norteamericano Ernest Hermingway en su novela ‘Fiesta’, sino al mundo entero en la palma de su mano de esa forma”. Así describe Peter Freestone, asistente personal del cantante británico (Tanzania, 1946 – Londres, 1991) todo lo que sucedió hace 34 años en el estadio de Wembley, de Londres, en Inglaterra. El concierto pasaría a la historia de la música y de la cultura popular: el mundo dejó de girar durante tres horas y toda una generación asociaría para siempre al cantante de Queen con esa chaqueta amarilla, ese mostacho y ese éxtasis musical casi religioso… y sus clásicas zapatillas blancas con las tres franjas Adidas, de Adolf  Dassler. Aquellas imágenes se volvieron inmortales gracias a ‘Bohemian Rhapsody’, una película biográfica británica-estadounidense de 2018 sobre el cantante británico Freddie Mercury y el grupo de rock Queen. Fue dirigida por Bryan Singer, aunque Dexter Fletcher asumió el cargo de director las últimas semanas de rodaje tras el despido de Singer. El guion fue escrito por Anthony McCarten y fue producida por Graham King y Jim Beach, antiguo mánager de Queen. Está protagonizada por Rami Malek, Lucy Boynton, Gwilym Lee, Ben Hardy, Joseph Mazzello, Aidan Gillen, Allen Leech, Tom Hollander y Mike Myers. La película se estrenó el 24 de octubre de 2018 en Reino Unido.​ Fue galardonada con numerosos premios, entre ellos: cuatro Óscars, dos Globos de Oro y dos BAFTA.​ El nombre de la película procede del título de la canción más exitosa de la banda, el tema homónimo ‘Bohemian Rhapsody’.

Estos días de confinamiento ante el semáforo anaranjado -cada vez más rojizo- decretado por el Gobierno de Carlos Joaquín, para la zona norte del Estado donde está la ciudad de Cancún, El Bestiario y El Despertador, aproveché para volver a ver ‘Bohemian Rhapsody’. Freddie Mercury no era un tipo guapo, pero exhibía el bigote como pocos. Sus pantalones ajustados, su apego por las camisetas de tirantes y lo empapado que terminaba en cada actuación resultaba asombrosamente atractivo, precisamente gracias a que no le preocupaba lo más mínimo. Poco antes de su muerte, Mercury lanzó ‘The show must go on’ (El espectáculo debe continuar), y se convirtió en un credo. Para él no era una frase hecha, sino una forma de vida. El espectáculo siguió, pero no le dejó atrás. Pasó sus últimos días obsesionado con seguir componiendo y grabando, sentía la necesidad de alimentar su legado. Lo cierto es que cuando murió, víctima del SIDA, aquel 24 de noviembre de 1991, Freddie Mercury ya era mucho más que un cantante: formaba parte de la vida de millones de personas. Recuperar hoy aquel espontáneo y entrañable juego entre el rey y sus súbditos hace que, durante un minuto y 57 segundos, Freddie Mercury consiga parar el mundo de nuevo. Y eso es lo más cerca que se puede estar de la inmortalidad. Sus zapatillas eran Adidas, las de Adolf Dassler. Lo siento Rudolf.

@Santi Gurtubay

@BestiarioCancun

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