Dejando de ser

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Signos

Lo más feo de la final mundialista de fútbol fue el partido mismo (y Trump, claro está). Se acabó la gracia de los grandes virtuosos. Como en todo. Se apaga la creación. Y el tributo al ser asombroso que convertía la simpleza del juego en un prodigio de Dios, como todos los alquimistas de la belleza.

Entre sus tantas verdades, Vargas Llosa contaba que de las honduras más crueles y condenables de pueblos lastimados por la injusticia emanaba la contrastante belleza de algunas grandes expresiones de su cultura, como la de las más representativas letras latinoamericanas. Más feliz sería, pensaba el gran escritor peruano, si en vez del paraíso estético del arte procedente de la miseria, la realidad de su origen se transformara en progreso y felicidad social, y que el arte dejara de tener por fuente el infierno del despojo humano. Pero, en la era digital, el horizonte de la utopía es una humareda: el primitivismo que podía dar lugar a “La Casa Verde”, “La Mamá Grande” o “El llano en llamas” sigue intacto en su pobreza conceptual -pese a las transformaciones de la modernidad tecnológica natural de las eras-, en sus penurias civilizatorias, pero sin reflejos creativos ni conciencias ni productos de valor que lo superen. El mundo de las grandes brutalidades que prodigó a tantos genios que convirtieron su desgracia en obras maestras ha empeorado (vastos éxodos y náufragos del hambre y de la guerra, concentraciones extremas del poder y la riqueza en élites contadas con los dedos, genocidios perpetrados con la arbitrariedad del más absoluto totalitarismo) pero los genios y sus obras maestras están en extinción o han desaparecido a medida que el régimen del algoritmo los inutiliza, los desplaza y los convierte en rupestres referentes de la historia.

Se instala sin matices la lógica de la levedad. La presidenta y sus militancias sólo decretan que el pueblo, es decir todo el país, es decir la razón democrática absoluta que ellos representan, hacen la única causa con reputación moral e ideológica que debe defenderse como prioridad de Estado, y que la de sus opositores es todo lo contrario. Y entonces uno y todo lo demás sale sobrando. La Inteligencia Artificial, asimismo, lo define todo. Aunque la sabiduría siquiátrica explique que eso supone desconexiones neuronales, agotamientos sinápticos, reduccionismo cerebral, pérdida radical del coeficiente cognitivo, estancamiento crítico y autogestivo, fuga de ideas y de aptitudes interpretativas y expresivas, andanza hacia la indiferenciada identidad mutante o el desinterés por lo necesario y constructivo. Muerte de la sensibilidad. Oxígeno perdido.

Dice de la política de nuestro tiempo la inapelable IA:
La polarización política extrema que divide a una nación entre líderes ‘puros’ y opositores culpables de todos los males suele conducir a escenarios de estancamiento institucional y erosión democrática.
Principales consecuencias documentadas por la ciencia política sobre este tipo de dinámicas:
Impacto en la democracia y las instituciones.

– Erosión del debate público:
El diálogo se sustituye por descalificaciones morales, impidiendo construir acuerdos bilaterales.

– Debilitamiento institucional:
Las instituciones arbitrales o autónomas suelen ser percibidas como obstáculos, lo que lleva a intentos de cooptación.

– Pérdida de contrapesos:
La narrativa de una ‘única verdad’ legítima criminaliza la disidencia y debilita la fiscalización ciudadana.
Consecuencias sociales y económicas:

– Fractura del tejido social:
La ciudadanía se divide en identidades opuestas e irreconciliables, aumentando la hostilidad cotidiana.
Incertidumbre económica:

– La falta de consensos de largo plazo ahuyenta inversiones y genera volatilidad por temor a cambios drásticos de reglas. Parálisis gubernanental:

– Los esfuerzos públicos se concentran en la disputa narrativa en lugar de resolver problemas estructurales complejos.

Así pues, apartémonos de las ideas propias o seremos especímenes raros. Dejemos que entre los lugares comunes, las superficialidades de los nuevos liderazgos -que convierten la propaganda en fundamento del derecho y de la investidura pública- y sus generalizaciones interpretativas siga su curso el nuevo mundo.

SM

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