El pato Rocha o el iluso Harfuch

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Signos

La pregunta es, ¿de quién se defiende la soberanía que se dice que reside en el pueblo mexicano: de los ‘americanos’ que persiguen a los narcopolíticos, o de los narcopolíticos perseguidos por los ‘americanos’?

En Colombia, por ejemplo, con el Plan Colombia, el Gobierno mismo convocó la persecución ‘americana’ dentro del país, la que acabó con el narcoterror, su violencia generalizada y su control sobre importantes sectores del Estado. Contó con la aprobación de la mayoría de las fuerzas políticas y ciudadanas. Y en Colombia, además de todo, hoy gobierna, como en México, una izquierda soberanista y antiyanqui; más aún: una izquierda radical procedente de la insurgencia guerrillera.

No, no: no es lo mismo. Pero, de veras, las autoridades federales defensoras del soberanismo mexicano ¿han investigado a fondo a los grupos gobernantes con más visibles y denunciados nexos con el crimen organizado sin encontrar prueba incriminatoria ninguna?

El Secretario Harfuch, de Seguridad Ciudadana y con las mayores conexiones entre las autoridades estadounidense de Inteligencia, de Justicia, militares y antidrogas, ¿está convencido de que en la ejecución del Comandante Heras, de la Fiscalía sinaloense, y del exDiputado Melesio Cuén, el mismo día del secuestro y traslado a Estados Unidos del Mayo Zambada, nada tuvo que ver el Gobernador Rocha Moya, (ahora imputado en Estados Unidos con cargos de narcotráfico, concretamente de asociación con la banda de los hijos del Chapo Guzmán, que secuestró a su enemigo Zambada el día en que, según declaraciones del secuestrado y multitud de informaciones publicadas al respecto, se encontraría -en un cónclave acordado de concertación- en las afueras de Culiacán con el Gobernador y donde estarían presentes Heras y Cuén, ejecutados en las inmediaciones del lugar del encuentro al que Rocha no habría de asistir y donde él bien sabría que sería traicionado y secuestrado el Mayo, para ser enviado a Estados Unidos, y asesinados el policía ministerial, que también era jefe de seguridad de Zambada, y el exlegislador local)?

¿Y estará seguro, también, de que nada tuvo que ver la misma banda de los hijos del Chapo con los múltiples operativos de secuestro de votantes opositores y robo de urnas y violentas movilizaciones de sicarios para hacer ganar al candidato de López Obrador y ahora Gobernador sinaloense el día que este, Rocha, ganó los comicios y el Gobierno de su Estado?; ¿ni que el ahora asesinado Sergio Carmona, el mayor traficante de combustibles robados del país, intervino con el mismo grupo criminal sinaloense y con quien ahora es Gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, para financiar y llevar al poder sinaloense a Rocha, el nativo de Badiraguato, como el Chapo, la población de cinco mil habitantes que siempre incluía en sus giras por la Entidad el patriarca de la regeneración moral y creador de la solución pacifista de los ‘abrazos, no balazos’?

Pues si Rocha no es un malandro y Harfuch está seguro de eso porque no cuenta con el mínimo indicio probado, entonces habrá que repetir una vez más la frase aquella que a menudo refiriese el mejor reportero y columnista que ha dado el periodismo mexicano, Manuel Buendía, quien fuera víctima del narcoGobierno delamadridista, el de “La renovación moral de la sociedad” -porque descubrió que entre funcionarios militares y de Gobernación, como el mismo general Secretario de la Defensa, Juan Arévalo Gardoqui, se hacían negocios con el ‘narco’ de entonces-: “un pato ha dejado de parecerse a otro pato”; frase contenida, asimismo, en su tan ilustrativo como memorable libro, “La CIA en México”, donde entre sus columnas compiladas cuenta, por cierto, cómo la Agencia estaba tan consolidada en México, como lo fue estando cada día desde que fue creada en los tiempos de la Guerra Fría, y de donde en buena medida puede entenderse cómo los altos jefes del espionaje ‘americano’ -como el mismo Embajador Johnson- y sus superiores en la Casa Blanca saben más, acaso, de los narcopolíticos mexicanos que los Presidentes mexicanos mismos, y de los cuentos chinos del soberanismo con que a veces, como ahora, pretenden salvarlos de la cacería yanqui sus socios más altos del poder.

SM

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