
Signos
Si en Quintana Roo no hay inversión local y proyectos estructurales de diversificación económica, productiva y de recaudación fiscal, y sigue sin hacerse absolutamente nada en favor del equilibrio del crecimiento y el desarrollo regionales -aquella premisa histórica de los planes y programas de gobierno del viejo PRI y sus multiplicados ‘foros de consulta popular’-, el porvenir será la decadencia progresiva e irremediable: el abandono absoluto de las regiones más empobrecidas del centro y el sur del Estado, y las crisis generales -de insalubridad, inseguridad, caos urbano, marginalidad, degradación ambiental, etcétera- de los ámbitos turísticos.
Porque en la ‘política’ de hoy día ni siquiera se habla ya de alternativas posibles de gestión de las desigualdades y los problemas esenciales de la entidad, ni se perfilan candidatos con alguna idea en torno de los mismos y ni siquiera con alguna noción de nada más que alcanzar el próximo escalón de sus expectativas de estatus político, negocios delictivos y dinero.
Ante una realidad tan compleja y tan necesitada de iniciativas vanguardistas de Estado para enfrentar sus dilemas y aprovechar su vasto potencial estratégico atendiendo sus fragilidades ambientales y ecológicas, lo que hay es una movilización de codiciosas frivolidades que ni para improvisar mensajes demagogos y de propaganda de algún valor político sirven y se atienen, los más exitosos de ellos, sólo al convencimiento electorero de los financiamientos del Bienestar y a la retórica falaz de la transformación, la regeneración moral y esas banalidades.
No hay futuro. No hay ideales. No hay proyecto. No hay política. No hay liderazgo. Solo exhibicionismo mediático y anecdotario de naderías. Mientras sigue la práctica de los ‘moches’ mensuales, municipales y estatales, con el jefe real de la delincuencia política verdemorenista de ‘La transformación’ y la Regeneración Nacional en el Caribe mexicano.
SM