
Signos
La gran paradoja del carismático obradorismo expriista es haber dejado la Presidencia del país en manos del doctrinario izquierdismo académico claudista -ajeno por completo a la cultura política y clientelar de los poderes fácticos tradicionales, y donde el partidismo está siendo cada vez más un negocio de intereses pragmáticos particulares y de grupos que una alternativa de organizaciones ideológicas- para terminar favoreciendo lo que más decía combatir: ‘la mafia del poder’.
Porque mientras la incapacidad política izquierdista retrocede en el control político heredado por el expriismo socialista masivo y populista de Andrés Manuel, con sus muy ingeniosas y rentables políticas socioelectorales del Bienestar -que en la alta incivilidad democrática y del nivel de la deplorable escolaridad mexicana en el mundo garantizan el sufragio decisivo y los índices de aprobación del morenismo, por pérfidas y condenables que sean sus representaciones; una estrategia de conquista popular como las de los tiempos clásicos del tricolor-, lo peor de ‘la mafia del poder’, como la industria política de un Niño Verde más poderoso y más dueño que nunca de sí mismo y de su franquicia ‘ambientalista’ en un entorno a su vez más insolvente y falto de liderazgos y capitales políticos para la apuesta por los territorios de explotación de la vida pública nacional, avanza con sus también más fogueadas fuerzas de asalto sobre esos vacíos dejados a su suerte tanto por las desacreditadas oposiciones que ayer fueron oficialismos dominantes, como por el poder hegemónico obradorista que hoy retrocede y cede a su aliancismo con el Verde las candidaturas y los sectores institucionales donde no tiene a quién poner ni sabe cómo gestionar y administrar, y donde esa mafia verde se pinta sola, con la sobrada experiencia acumulada y la absoluta falta de escrúpulos de su dueño, para lucrar en su nombre y retorcerle el cuello al ganso guinda de la regeneración moral y ‘La transformacion’, haciendo de sus particulares contratistas, por ejemplo, o los de sus Gobiernos, y con la venia del partido y el poder presidenciales, los financieros de sus costosísimos viajes, de sus vuelos privados o de sus lujosas juergas, con drogas y homicidios de prostitutas extranjeras incluidos (como los de aquellos tiempos cancunenses del Emerald).
Y así, mientras la izquierda presidencial se va quedando hueca y vacía de contenidos, hablando a los molinos de viento de honestidades y valores y purificaciones militantes por las que los pueblos originarios y el gran Pueblo de la izquierda defienden su soberanía de los asedios ultraderechistas imperiales y de los herederos de Hernán Cortés y de los neoliberales y conservadores de Felipe Calderón y los prianistas, los verdes de Jorge Emilio se ocupan más y más de mover los engranajes de la maquinaria obradorista y de tomar por su cuenta las candidaturas y los espacios de control que no se pueden llenar con consignas progresistas, circulares y ociosas.
Sabe de sobra Jorge Emilio que Claudia no tiene manera de construir un liderazgo nacional porque desconoce la idiosincracia política y la cultura de las trampas y los arreglos bajo la mesa que han regido las guerras por el poder del Estado Nacional, y en sus antecedentes de Gobierno en la Ciudad de México era su tutor y su mentor el de las decisiones superiores como fue, del mismo modo, el autor absoluto de su investidura presidencial.
Y tanto sabe eso el perverso Niño Verde como que no tiene ella emisarios de poder -conocidos y respetados- en ninguna parte, donde los Gobernadores mandan e imponen candidatos a los que financian en su nombre y en el de sus socios del crimen organizado.
Y ahora lo sabe más que nunca y con las mayores y más irrefutables evidencias que en su historia y acerca de alguien o de algo ha podido tener:
Después de la contundencia de todas las pruebas de corrupción en contra de la Gobernadora quintanarroense que representa sus intereses y los de su grupo -los del Niño Verde- en la Entidad caribe, la Presidenta no ha tenido más remedio que aceptar su debilidad, agachar la cabeza y autorizar que el Verde repita con un Gobernador a su merced defendiendo sus patrimonios de autoridad en nombre del partido presidencial de ‘La transformación’ y la Regeneración Nacional.
Así nomás.
¡Qué país!, diría Virgilio. ¡Qué bizarra celebración de Independencia!
SM