¿Toman cartas los naranjas de la oportunidad que ofrece el basurero verde?

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Signos

El partido Movimiento Ciudadano tiene ahora la alternativa opositora en Quintana Roo como nunca antes. Pero también requiere unidad y fuerza coordinada.

Requiere estrategia de propaganda y ataque contra las profundas y ya incorregibles debilidades naturales del partido hegemónico de la Regeneración Nacional, sometido de manera definitiva a las vilezas y los intereses delictivos del dueño del Partido Verde ‘aliado’, el Niño Verde, quien decide en la Entidad caribe y se impone a la Presidenta morenista de la República, Claudia Sheinbaum, muerto de risa de toda prédica suya de honestidad, de moral pública y convicción izquierdista, porque el Niño Verde y su imposición absoluta e inapelable de candidato a la continuidad gubernamental en Quintana Roo en nombre de su grupo de interés, prueban, sin lugar a dudas, que la Presidenta y el suyo de lo que menos saben en el país de las bajezas y las negociaciones de fuerza es de arreglos convenientes y de usos de las armas disponibles -tan sórdidas y tan legítimas como el orden de autoridad sea- entre las mafias del poder.

Porque MC dispone de liderazgos de altos fueros competitivos y experimentados en la arena política estatal y nacional (Joaquín González Castro, dirigente estatal, y José Luis Pech Várguez, exdirigente, son dos de ellos) y con capacidad de sobra para confrontar el capital delictivo del Niño Verde, de su ñoño candidato gubernamental, de su régimen de control sobre el aparato de Justicia que blinda al crimen organizado, y de todos esos recursos institucionales y fácticos que en nombre de la causa de la moral y ‘La transformación’ del partido presidencial hacen del Estado caribe un territorio en vertiginosa degradación, pero cuyas evidencias de rapacidad, de incontenible criminalidad y de lucro y corrupción de su élite gobernante -de su Gobernadora, de su candidato a sucederla y del jefe de jefes de todos los poderes dominantes- lo convierten, asimismo, en un espacio de oportunidad para el cambio verdadero.

MC tiene las condiciones de la realidad objetiva de la inmoralidad ideológica, de la gobernanza nociva y de una incompetencia gestora de la administración pública como factores muy consistentes de ataque contra un enemigo cuyo poder es la marca de un obradorismo carismático y populachero pero en retirada; golpeado por las evidencias incontables de corrupción entre muchos de sus más célebres dignatarios que niegan con sus actos ominosos ‘la cruz de su parroquia’ y su sonora profesión de fe de ‘no mentir, no robar, no traicionar’, y defender hasta la muerte la ‘austeridad republicana’, mientras los contratistas de sus Gobiernos, como en Quintana Roo, les financian decenas y decenas de suntuosos viajes internacionales de placer y en aeronaves privadas, con la complacencia y la complicidad y el vil alcahueteo de la suprema jefa del Estado mexicano mientras jura sin pudor ninguno que también su fe es esa misma: la de la regeneración moral de la vida pública del país.

¿Qué ha obtenido el sur de la Entidad y su capital de las gestiones estatal y municipales del movimiento moralizador del Niño Verde, por ejemplo?; ¿qué más que no sea marginalidad, abandono, ambulantaje, insalubridad, improductividad, desempleo, subempleo, pobreza, anarquía urbana, precarismo, violencia y negocios de sangre del crimen organizado? ¿Ha habido políticas públicas de superación de los desequilibrios regionales y sectoriales del crecimiento más allá de las promesas estériles sobre ventajas comprativas y demás cuentos chinos de la nueva demagogia sobre el Pueblo y el porvenir? ¿Es mejor la Fiscalía verde de administración chiapaneca y el democratizado sistema de Justicia verde de la improvisada reforma obradorista? ¿Hay sufragios verdaderos y tendencias de popularidad que no se deban a los programas socioelectorales del Bienestar?

De modo que sí, que, frente al basurero verde, la alternativa naranja debería fincar su oportunidad.

SM

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