
Signos
El horror más grande es el de convertir las masacres y las crueldades y la multitud de cadáveres y víctimas inocentes en munición retórica y mediática para el espectáculo de la confrontación política y la guerra sectaria entre los bandos militantes del Bien y el Mal, donde los grupos de poder de la regeneración moral y sus vanguardias ideológicas en la opinión pública se defienden de la propaganda enemiga que los acusa de ser cómplices del crimen, acusando a sus acusadores o a los grupos de poder de la corrupción neoliberal y sus voceros de la oligarquía de sólo estar enfrentando las consecuencias del crimen que toleraron ellos y del que fueron cómplices originarios y causantes fundacionales.
Pero el caso es que hay una legión de personajes de la corrupción gobernante de ayer que ahora son líderes de la regeneración moral en el poder de hoy, y que lo mismo en territorios y entidades de unos y de otros el narcoterror cuenta con aliados y socios en los centros de decisión de los poderes políticos, policiales y jurisdiccionales, y que mientras en esos poderes, controlados por los grupos de la falsa moralización de la izquierda de hoy día o los de sus iguales de la corrupción de la derecha de siempre, no se proceda y no se procese y no se releve de sus fueros a los responsables de la autoridad sometidos por el narcoterror o involucrados con él en cualquiera de sus sectores de negocios, el horror de la industria del crimen seguirá su curso y lo seguirá haciendo, asimismo, su fase más siniestra: la de su capitalización como propaganda política.
SM