La conciencia de las libertades cuánticas (aunque todo quepa ahora en un celular y mañana en un soplo diferente de energía)

5

Signos

Cuando los sabios de la Inteligencia Artificial como Jürgen Schmidhuber perfilan los horizontes del uso informativo totalizador y transformador de la nueva dimensión tecnológica de la evolución humana y de potencial cósmico -en tanto abre la exploración de alternativas colonizadoras más allá de la Tierra, donde abundarían los minerales y los insumos energéticos del sistema para la transición civilizatoria al nuevo orden, cualquiera que sea pero bajo las reglas del universo de la pertenencia terrenal- se derivan incógnitas tan sólidas sobre el devenir de la Humanidad que acaso sólo pueda desahogar la IA cuando su complejo entramado neuronal acumule la información respectiva acerca de ‘ese tema’ particular (y siempre y cuando no se anticipe el holocausto atómico como espectáculo imprevisto y no considerado por los artífices del algoritmo de la automática unanimidad).

Porque si bien pareciera que ha sido necesaria la evolución y la inteligencia humanas -dentro del infinito ordenamiento sideral- para iniciar esta nueva ruta de la existencia planetaria, las premisas de especialistas superiores como Schmidhuber parecen conducir a la propuesta de que el conocimiento acumulado sobre la historia del Homo Sapiens y su derrotero homínida y cultural no pasará de contenerse, a fin de cuentas y de cuentos, en una cápsula insignificante y remota de ese recinto cifrado y condensado del saber de todo cuanto se vaya acumulando del infinito procesable, pero estará disponible en cualquier momento -las capacidades de síntesis algorítmicas son tan inverosímiles como las de su formulación y su expresión, cada vez mejor codificadas y perfectas e irrenunciables en sus valores ilustrativos y conceptuales-, aunque lo más importante no sería saber lo que el reino de los seres vivos y la civilización han sido, sino descubrir, en la nueva etapa, la de la transición al nuevo mundo, lo que se puede ser. (Porque lo importante ahora, dice el científico alemán, no es la sapiencia procedente de los valores de todos los tiempos civilizatorios, sino la disponible para hurgar en los mejores del tiempo venidero.)

Y atrás se quedarían prodigios y escarnios que en la dimensión humana han significado destinos inmortales y transformaciones dignas de una naturaleza insuperable y predestinada, pero que con todas sus maravillas y sus infamias procedentes de la conversión química primigenia a la biología molecular de microbios y bacterias y organismos pensantes y capaces de los más grandes milagros y epopeyas y violencias de la dialéctica negantrópica, han llegado a la frontera inevitable en que el pasado debe ser asumido sólo como el sustento del porvenir en ciernes, y que en el despliegue de la nueva página no puede sino ser un referente encriptado y al alcance de la mano donde el nuevo lenguaje, como asegura Schmidhuber, carecerá de particularidades originarias y definitorias confusas o eufemísticas o barrocas, no contendrá imperfecciones de interpretación y delimitación arbitraria de contenidos y significados, y el nuevo ser andará hacia el horizonte en la versión de un tiempo y un espacio tan virtuales donde el pasado terrenal, como el Big Bang mismo, sólo habrán sido condición de la nueva dinámica en que, según los sabios de la IA, saldrán misiones a poblar otras soledades astrales donde existen fuentes de energía que se agotan en la Tierra, siempre y cuando, advierten, en la lógica predeterminada y nunca humanamente explicable en los procesos de su eterna infinitud, la barbarización extrema del ciclo terrenal no haga uso, en la víspera, de la alternativa atómica, y el nuevo mundo estalle apenas en su gestación, cuando ya puede contar con recursos para la absorción y el control de los excesos del carbono y contener la entropía de la saturación de todo en el cada vez más integrado y comprimido ámbito terrestre (que no caótico, porque como en la explosión inicial misma de la burbuja del universo conocido, todo estruendo, toda derrama y dispersión apocalíptica responde a un orden y una progresión preconcebida y a una regulación perenne de la energía eterna, sin comienzo y sin final, porque la aparente anarquía no es azar, sino fundamento que, por ininteligible que parezca al conocimiento finito o en curso de expansión, siempre es explicable).

Pese a lo raudo de la integración informativa algorítmica de la IA, su red neurológica estaría muy lejos de posibilitar la suplencia robótica de la intrincada maraña operacional del cerebro y de la estructura de diminutos componentes que realizan las funciones más especializadas y transformadoras del cuerpo humano, y sobre todo cuando existen teorías científicas de última generación que hablan de elementos cuánticos externos que constituyen la particular configuración espiritual y de conciencia que distingue a cada individuo por encima de los factores bioquímicos y físicos -diferenciados pero de composición, regulación e interacción estándar- responsables de su potencial de razonamiento. Pero en el sentido de la precisión de los hechos, de los datos, y de la conceptualización de determinadas realidades históricas y fenómenos y actores del acontecer general, la sustitución de la capacidad humana por la de la IA sería más y más rentable en el corto plazo (y dependería más de la sabiduría natural del individuo que de su formación intelectual), y sobre todo si se consigna el apunte de Jürgen Schmidhuber sobre que se alcanzará la perfección informativa, conceptual y expresiva, y en esa cultura del futuro que se forja ahora mismo, tal sería la naturaleza del lenguaje en todos los idiomas y en su venidera conjugación global, por lo que la desaparición en curso de las virtudes teóricas y estéticas de pensadores y creadores, sería sólo un fenómeno propio de la transición.

Aunque aquí habría que detenerse en la observación del Nobel de Física y matemático británico, Roger Penrose: la conciencia o el elemento que más define al ser humano y pone sus sentimientos por encima de su razón, es externa a él y es de ingredientes cuánticos. ¿Cómo actuaría en la transición del mundo ulterior de la IA si esa conciencia misma de los peores poderosos no hace funcionar la tecla de la alternativa nuclear que establece Schmidhuber como el único impedimento, en el orbe de la configuración universal, para el despliegue en curso, desde la Tierra y hacia el espacio exterior, del nuevo mundo, el de la Inteligencia Artificial?

¿Estamos en el umbral justo entre el agotamiento de la cultura humana y la derivación a un orbe diferente y regido por parámetros evolutivos condicionados por la informatización más apta para la coexistencia planetaria y extraplanetaria de los seres ultradigitalizados de las generaciones en formación, y con estándares cifrados más en la matemática del equilibrio sostenible que en la ética del bien y el mal y la subjetividad de sus atavismos ideológicos?

Esta nota se elabora de manera manuscrita, de puño y letra, con tinta y papel, como desde la era primaria del vínculo directo entre el cerebro y la mecánica manual de la escritura, siguiendo lo recomendado por algunos especialistas de la salud mental en el sentido de que la dependencia extrema del procesamiento artificial automático de la información y su interpretación instantánea producen, en esa dinámica determinista y de supresión de la aptitud humana individual, disfunciones neurológicas y críticas que acaso valdría la pena remontar retornando a la práctica originaria del pensamiento llevado a su destino lector recorriendo las vías químicas y biológicas de la razón entre el cerebro y los dedos de la mano.

Pues sí, si usted reside en el ocaso de su vida. Pero quizá no para las generaciones del vertiginoso tránsito hacia el nuevo mundo, donde el capital cognitivo y de la razón útil no estribaría en los valores y las herencias de la cultura, la historia, la estética y la ética de sus ancestros milenarios y de las aulas en que los formaron -igual que se ilustraron los pensadores de los tiempos clásicos del círculo socrático-, dirían los sabios de la IA. Sino en las fórmulas del aprendizaje y la actualización sobre los productos ya disponibles -más afuera que adentro de las instalaciones educativas tradicionales- del conocimiento para cumplir con sus nuevas tareas y alcanzar unos objetivos de descubrimiento donde el pasado y las realidades menos efímeras de la actualidad serían de contenido instantáneo y donde las funciones del nuevo cerebro generacional responderían a insumos y perspectivas más de orden cuántico que doméstico.

Porque hemos llegado a un grado de modernidad intolerable, diría José Arcadio desde la alquimia de su tiempo, donde el propio García Márquez, su creador, que como todo el mundo comenzó escribiendo de puño y letra, contaba que cuando apareció la máquina de escribir eléctrica no pudo volver más a escribir en la máquina mecánica con que produjo algunas de sus más inmortales letras, y que cuando apareció la computadora no pudo regresar nunca más a los teclados y al papel de su tan inmediato como legendario pasado, y que si algo más la sustituyera quizá también la computadora, en su moderna versión de entonces, se hubiese tornado un trasto tan rupestre como inservible.

Y hoy día habemos los que llegamos a la tierra desconocida en que el teléfono móvil ha relevado todo el historial físico de la escritura y es el recurso terminal para los que padecemos ese síndrome de la dependencia tecnológica evolutiva referido por García Márquez sobre la mecánica de escribir, y sustituyendo la vieja mesa de trabajo por la cocina o la cama misma o el baño nos revive las nostalgias reporteriles y los arrepentimientos aquellos de haber renunciado a la opción de aprender taquigrafía de los días de la escuela secundaria y de la despreocupada adolescencia en que uno no se imaginaba lo que habría de resolverle cuando se tuvo que depender sólo de una libreta y un bolígrafo para rescatar de entre las brumas declarativas o documentales los datos y los pronunciamientos que darían cuenta del valor de lo que era uno en esos ajetreados menesteres sin tiempo del apunte y el tecleo noticioso y editorial en torno del paisaje público del diario; dependencia que, por lo que puede verse, no tendría que ver con virtudes personales sino con los procesos de adaptación cultural, y donde estaría por saberse -y sólo se sabrá con el arribo de las novedades de un porvenir aún inconcebible, pese a las extremas contracciones de la realidad donde lo que parecería fantástico apenas una generación atrás es la verdad de lo inmediato venidero- si el lenguaje y sus alternativas de expresión se ordenan desde soportes energéticos ajenos a los de la prehistoria material conocida.

Lo que más cierto pareciera -si la certeza físicomatemática de Penrose sobre la conciencia cuántica que define la existencia individual del ser es un hecho científico consumado- es que la libertad de pensamiento y de expresión seguirán siendo los únicos valores de la salvación del espíritu en la dimensión universal que sea.

Mientras, la ciencia más vanguardista nos habla ahora en cuerpo y alma por las plataformas digitales y a años luz de la abstracción especializada y de la erudición hermética y sectaria de los viejos tiempos, al mismo ritmo en que languidece la creación de los universos estéticos de esos mismos viejos tiempos. Queda esperar que la conciencia exógena haga mejores cosas y las generalice con la perfección informativa y conceptual que reemplaza las piedras originarias. Y que el nuevo ser trascienda la ignorancia, la segregación y la injusticia de estos actuales viejos tiempos en que queda escribir al modo manuscrito para retener un poco las sinapsis del conocimiento.

Porque también es cierto que altas inteligencias naturales y con la mínima formación escolar e intelectual son capaces hoy día de instrumentar la Inteligencia Artificial para forjar panoramas ilustrativos sobre realidades de su interés que superan cada vez más a individuos con calificaciones académicas promedio, del mismo modo que se abren alternativas profesionales en favor de esa versión de la democracia cognitiva.

¿Hay una progresión distinta del saber revuelta y emergente entre la decadencia iletrada que también vivimos?

La Inteligencia Artificial responde de inmediato:

Sí, existe una progresión clara donde el saber no desaparece, sino que se transforma y brota de formas alternativas frente a la pérdida de la cultura impresa tradicional. Esta tensión entre el declive de la alfabetización clásica y el surgimiento de nuevos conocimientos se puede entender a través de dinámicas muy específicas.

La desconexión del saber actual

– Decadencia iletrada: Pérdida de la capacidad de lectura profunda, menor comprensión de textos largos y reducción del pensamiento crítico formal.

– Saber revuelta: Resistencia activa contra el monopolio académico tradicional, validando el conocimiento comunitario, periférico y empírico.

– Saber emergente: Nuevas formas de inteligencia nacidas de la cultura digital, el lenguaje audiovisual y la interacción con inteligencias artificiales. 

Características de la progresión emergente

– Horizontalidad: El conocimiento ya no desciende de una autoridad académica, sino que se distribuye en red.

– Fragmentación: El saber se adquiere en dosis pequeñas, rápidas y conectadas mediante hipervínculos.

– Mutabilidad: La información cambia constantemente, priorizando la adaptabilidad sobre la memorización.

– Hibridación: Mezcla de herramientas tecnológicas avanzadas con el rescate de saberes ancestrales o locales.
 
Frente a la crisis de la educación tradicional, el saber contemporáneo no se destruye; se fragmenta, se democratiza y se vuelve a ensamblar de formas que la academia tradicional aún no logra descifrar. 

Si quieres profundizar en este fenómeno, dime si te interesa analizarlo desde el impacto de las redes sociales, la crisis del sistema educativo actual o la filosofía de la tecnología.

Y, digo yo, hablemos ya sólo de lo anecdótico de nuestro ocaso, que de lo demás y de manera cada vez más precisa e ilustrativa, se ocuparán los operadores de la nueva Inteligencia.

SM

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *