
Signos
Sea lo que sea: sociedad activa y rentable con el crimen, cobardía o callada tolerancia para medrar y lucrar a costa de la violencia y la criminalidad que con la contribución de sus modos de proceder y ejercer o traicionar sus responsabilidades constitucionales destruyen la gobernabilidad, la legalidad y la paz social en sus perímetros de influencia, es decir en los que ejercen como policías, como Regidores, como Presidentes Municipales, como Fiscales estatales, como Legisladores locales y federales, como Gobernadores, como autoridades judiciales, como representantes oficiales de los derechos ciudadanos, como líderes sociales y vecinales y partidistas, y como actores políticos de todas las filiaciones ideológicas y militantes que asumiéndose como voceros y defensores de la justicia no alzan la voz y no enfrentan, con sus investiduras o con su activismo y en todos los foros mediáticos y tribunas públicas a los que sí acceden con el propósito de ganar audiencias y aprobaciones populares o sectoriales para sus causas públicas o personales, a quienes de sobra es fácil identificar como generadores de violencia, delincuencia y destrucción del Estado de derecho, por su complicidad, su cobardía, su ineficacia o su callada tolerancia con el crimen organizado.
Sea lo que sea, el caso es que encima de la criminalidad abierta de matones, extorsionadores, secuestradores y profesionales de todas las variables de los cárteles del ‘narco’ y el huachicol hay una densa red de autoridades de los Poderes públicos y de vividores del quehacer político que constituye el verdadero peligro y el verdadero éxito de la criminalidad en los Estados que hacen de México uno de los países más iletrados, corruptos, inciviles, violentos e ingobernables del mundo.
¿Por qué los aspirantes a candidatos y los personajes que se desviven por los poderes representativos y sus grupos de promotores y con capacidades de presencia en la opinión pública y de influencia en los ámbitos de decisión del Estado no denuncian y no se pronuncian en torno a la narcopolítica -y a los ejemplos concretos y visibles de la presencia de la misma en sus lugares; en los caminos y veredas y rumbos y poblados y ciudades donde el ‘narco’ se despliega a ciencia y paciencia de las autoridades y que los protagonistas políticos recorren llevando promesas y espejitos y cuentos chinos y buscando aplausos y sufragios- como la fuente esencial de la inseguridad de los pueblos del país? ¿Porque ese problema no es su problema? ¿Porque son partícipes y beneficiarios de la criminalidad? ¿Porque las preocupaciones sociales no son las del poder político? ¿Porque la democracia es el mejor negocio de la delincuencia en el poder?
¿Algo distinto a la colosal ilegitimidad representativa que supone un sistema político y electoral tan deficiente que posibilita toda suerte de candidaturas y de financiamientos negros donde triunfa cualquier cantidad de personeros al servicio de las mafias políticas y empresariales, y donde en nombre de las ‘mayorías electoras’ los grupos criminales participan con sus fueros y sus capitales cada vez más? ¿Hay nombres y personalidades en campaña que no encajen en estas formas de ser y proceder, y tengan voz propia y fuerza moral para plantarse contra la narcopolítica local y nacional? ¿Dónde está la excepcional maravilla de la transformación?
SM