La democracia transparente de Claudia Sheinbaum

5

Signos

Asegura la Presidenta que ella no se meterá a decidir candidatos de su partido a los cargos de elección que tendrán lugar el año venidero.

Que mantendrá una sana distancia con su pertenencia militante al respecto.

Como cuando el que fuera Presidente Zedillo se pronunció porque entre su liderazgo presidencial y su partido, el Revolucionario Institucional, no debía mediar vínculo e interés ninguno. (Y terminó entregando el Gobierno a la oposición, por vez primera en la historia revolucionaria, que al fin y al cabo con el panismo había más identidad ideológica y neoliberal suya que con el mismo PRI, ya del todo desdibujado de ideología revolucionaria y que terminaría como socio electoral del PAN, como ahora es.)

Si Sheinbaum dice que no promoverá a nadie para los comicios federales y locales que vienen y que todo será decisión de su partido, podría ser algo lamentable, si lo que dice es cierto.

Porque en la cúpula de ese partido, sus dirigencias funcionan como en las asambleas universitarias de los tiempos de consignas y panfletos de la ahora Presidenta: mucho grito revolucionario y nada de revolución social.

Son marxistas de consigna y cero transformación real. No hay virtud administrativa ni de gestión publica, ni capacidad negociadora con la pluralidad.

Mucho dogma y pocas nueces.

(Porque la base social obradorista, como los índices de aprobación presidencial, son los de la memoria sobreviviente de San Andrés y sus milagros del Bienestar, todo procedente del izquierdismo priista, no del sectarismo doctrinario de arenga y arrebato).

Y eso bien lo saben los Gobernadores y los crápulas del Niño Verde.

Bien saben, ellos sí, cómo hacer las cosas.

Y hacen sus cuentas y se frotan las manos para llenar en su momento las ánforas de votos de sus candidatos, los suyos, los representativos de ellos mismos.

Es decir: para llenar los vacíos de la sana distancia partidista de la Presidenta, y la ausencia casi absoluta de operadores electorales eficientes y de candidatos de su ideológica estirpe universitaria que pudieran competir por la regeneración moral y la transformación nacional en todos los Estados (y con la honestidad y el compromiso intachables que ahora dice exigir a sus potenciales candidatos la cúpula feminista del Morena), y sobre todo en los controlados a sus anchas por los Gobernadores -y sus grupos financieros y de narcoempresarios asociados- y por sus iguales verdemorenistas, como Quintana Roo.

Sí. Sería lamentable que la Presidenta no tuviese candidatos competitivos y representativos de su ideario.

O que si los tiene se resista a respaldarlos en defensa de la pureza de la imparcialidad.

O que tenga que mentir, en todo caso, a la luz de una opinión pública mareada con los lugares comunes de su pulcritud.

Pero si no defiende sus causas electorales con representantes propios, de su liderazgo -si no con discursos, para no alterar el orden de la absurda sanidad legislativa de los tiempos electorales, sí con definiciones políticas inequívocas-, sus verdaderos enemigos de apariencia y grito militantes, y los de la alianza verdemorenista, lo harán de mil amores ‘para su santo’.

Y quienes hoy día, cual morenistas, no forman en las filas de sus correligionarios Gobernadores ni en las del verdemorenismo, terminarán siendo también sus enemigos, sea que deserten de una vez por todas tras la frustración, o que se queden a dinamitar en venganza la causa de la Regeneración Nacional.

SM

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *