Lecciones de la vieja escuela

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Signos

No dejan de ser legión quienes siguen creyendo que las ideologías, los credos, las militancias, los rezos, las profesiones de fe, las pertenencias, los ritos sagrados, las palabras bíblicas, los manifiestos libertarios, las congregaciones sectarias y las comuniones partidistas o eclesiales hacen a uno seres mejores o peores que otros, y que la civilización humana se divide entre espíritus superiores e inferiores, alabados y cretinos, bienaventurados y malditos, predestinados y satanizados, y enemigos absolutos de uno y otro bandos encontrados según sus pertenencias purificadoras doctrinarias, como si las divinidades creadoras de lo bueno y de lo malo no fueran, a su vez, creaciones civilizatorias sino rayos milagrosos y sortilegios fronterizos entre lo que sirve y lo condenable y donde todo lo demás, sin individualidades distintivas de ninguna especie, es aleatorio y desechable, como si ser de un equipo o de una nación por sí solo hiciera, sin excepciones de valor, la diferencia, cual el mito de los insomnes e inmaculados luchadores del proletariado y de los inhumanos opositores derechistas del capital: todos buenos, o todos malos, por definición absoluta. Y exclamaba el viejo rural aquel, con su lógica básica frente a la mirada incógnita de su hijo, que tras las arduas faenas de la tierra y a la tenue luz de la cachimba apuraba sus quehaceres escolares y se preparaba para los exámenes del día siguiente (ahora en extinción, esas evaluaciones, por discriminatorias y promotoras de la desigualdad… ¡intelectual!, porque ahora la justicia igualitaria oficialista impone que el analfabeto insuperable sea reconocido en las aulas igual que el que se esmera en saber y sabe más: ¡una equidad justiciera inaplazable!). ‘Estudie’, le decía. ‘Estudie cuanto pueda y aprenda hasta donde le alcance la vida. Que ni los milagros de la política ni los de los altares quitan lo pendejo’.

Son culpa del ultraderechismo y del neofascismo y del imperialismo supremacista los multiplicados fracasos del izquierdismo y el progresismo y las alternativas de liberación del Pueblo, acúsase con impotencia hoy día. Y de la pedagogía rural aquella llega cruzando los extremos de siempre la voz de la razón elemental de los de enmedio: ‘No se haga bolas’, dice. ‘Las victorias de la conciencia y de las buenas causas empiezan por reconocer las debilidades propias y, de ahí, las de cada cual. Y si la escuela desanda de mal en peor, las palabreras defensas ideológicas del Pueblo serán cada vez más pobres. Y sus causas, por tanto, no dejarán nunca de morder el polvo’.

SM

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