
Signos
Y ahora, sabiendo que son piezas de caza, ¿cómo harán los narcoGobernadores para financiar y promover a sus narcocandidatos ante las críticas y muy cercanas elecciones venideras?
¿Creerán en el milagro, como acaso Rocha Moya lo espere en el patíbulo y tras la tilma defensora de su Presidenta soberana, de que a los ojos de la fanaticada obradorista se pueda convertir la persecución ‘americana’ contra el crimen en un acto contra los mártires inocentes de la regeneración moral?
Y en medio de las especulaciones por la cacería no ha faltado el que atribuya al Niño Verde la idea de que los suyos quieren lavarse las manos y optar por una depurativa separación en la alianza que los congrega con el oficialismo de la ‘cuarta transformación’. ‘No nos vayan a confundir con ellos’, se dice que ha dicho. ‘Nosotros no somos iguales’.
El caso es que, entre Baja California y Quintana Roo, Tamaulipas y Michoacán, Sonora y Zacatecas y Guerrero, Oaxaca y Chiapas y Tabasco y Entidades gobernadas o bajo el control del verdemorenismo, cunde la interrogante: ¿cómo seguir financiando las candidaturas propias a los ojos del águila imperial, cuando lo primero y más urgente es si podrán salvarse de la expedición punitiva de los yanquis los gobernantes y los jefes delictivos de sus grupos de poder; por lo menos los más identificados como socios y protectores del crimen organizado?
Y no, no se aprende que la política no debe revolverse con consignas de propaganda que apuesten por la moral en un pueblo con la cultura de la transa y el engaño como el del Alazán Tostado. Se reincide en la renovación moral de la sociedad de Miguel de la Madrid y en la honestidad y el compromiso de Joaquín Hendricks y ya se ve: la decencia y la política no hacen una convivencia sana porque las verdades públicas son insumos del poder que para las buenas conciencias nunca son ni pueden ser de fiar.
SM