
Signos
La política de hoy día no requiere valores políticos. Y mientras más se proclama la pureza moral como ideología militante, más se parece a la de los perseguidores de herejes que al mismo tiempo ponían a buen recaudo -los dichos inquisidores-, con sus fueros de poder e impunidad, a los más falsos y corruptos devotos y predicadores de su fe, plagada de depredadores, simuladores y falsos corderos.
Es lo de todos los tiempos. Sólo que en la política de hoy día, y en la mexicana en particular, se acabaron las formalidades semánticas. Si la Presidenta dice: los inmorales son nuestros enemigos, nosotros no somos como ellos, y la culpa de los males del país la tienen el Conquistador español Hernán Cortez y los conservadores y neoliberales que son de su especie, como los priistas, los panistas y el exPresidente Calderón, así se queda y se consigna, como la gran noticia del día y como enseñanza insuperable de dirigentes propios y asociados, y de correligionarios y militantes aliados.
Conservadores y neoliberales arrepentidos y obradorizados son todos de izquierda y cuatroteístas irreprochables y predestinados. El Pueblo nada tiene que ver con los valores y principios de los otros. El Pueblo es otra cosa. Es sagrado. El Pueblo sólo es el que ‘nosotros’, los del partido de la Presidenta y sus camaradas del Verde y del Trabajo, representamos. Y la delincuencia política no puede existir ni existe entre ‘nosotros’. Ese es un infundio de la derecha y de la ultraderecha, cuyos presuntos criminales son los verdaderos criminales. Porque contra los que se acusa de lo mismo o de delitos similares entre los muchos y muy conocidos y señalados de ‘nosotros’, no hay pruebas.
Y el ejemplo del simplismo moral reincidente y categórico se asume sin siquiera variaciones y réplicas particulares de alguna originalidad. Nosotros somos y hacemos la transformación. Nosotros, con nuestra Presidenta y con su ejemplo, representamos los verdaderos intereses del Pueblo, y los enemigos de ese Pueblo y de nuestra Presidenta son los enemigos de nuestra causa, que es la de no mentir, no robar, no traicionar y todo ese neocantinfleo ridículo que emana de las “Mañaneras del pueblo” y se dispersa y cunde entre el vocerío de todos los candidatos del partido presidencial a todas las posiciones de representación popular en disputa, en cuyas campañas da igual que sean en realidad representantes de los perversos intereses de poder del Niño Verde que enemigos suyos, y que cualquiera pueda saber que entre unos y otros bandos se enlodan a rabiar financiados por los erarios usados para el efecto por sus grupos de poder, y que sin albedrío ni criterio ni liderazgo propios obedezcan las órdenes de sus dirigencias aliadas de retratarse en unidad, como si la opinión pública ñoña e iletrada desconociera sus roñas, sus enconos y las irreconciliables conveniencias de la causa por el asalto de cada cual a los Poderes y los bienes del Estado.
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Queda en evidencia la inutilidad de los impedimentos electorales sobre los tiempos de la propaganda y las campañas políticas. Todos los partidos los violan con las mentiras y los recursos promocionales más absurdos de democracia civilizada alguna, del mismo modo que no hay razón para cuotas y especificidades competitivas de género, discapacidad física, oriundez o pertenencia cultural y demás condiciones más excluyentes que equitativas -como la justicia diferenciada por sexo o identidad racial o grupo poblacional- donde se entiende que la igualdad, la generalidad y la aptitud deben regir y distinguir, sin más, las cualidades de la competencia en las urnas. Y lo mismo sobre los periodos proselitistas, queda de sobra sabida la impertinencia normativa de condicionamientos sobre abusos y afrentas retóricas entre unos y otros candidatos -como la llamada violencia política de género, tan unilateral como subjetiva y usada de manera dolosa en favor de un victimismo procaz que debiera ser más bien condenado que avituallado por la ley-, puesto que la lucha entre enemigos políticos no tiene por qué precisar tiempos ni formalidades políticas, personajes de la vida pública que son, y con arsenales discursivos y declarativos bien afilados con que deben o debieran contar para atacarse desde los foros propios del quehacer de cada cual, donde del tamaño de cada cual tendría que ser su trinchera y la de sus tesis y argumentos, sin tener que depender de tretas legales que los amparen más allá de los recursos propios de todo ciudadano ante la ley, y donde si hay ofensas y abusos no tienen por qué existir tribunales especiales, puesto que si algo abunda para los profesionales de la política es tribunas para el ataque y la defensa, en tanto la palabra, se entiende, sería su mayor virtud, y que, si no lo es, como está dejando de serlo porque la cultura política se ahoga en los pantanos de la calidad educativa, la ley no debiera ser la alternativa salvadora de la ignorancia y de la incompetencia de los vividores de la política.
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Y así como en Sinaloa y otras Entidades Federativas los índices de condena y reprobación de gobernantes y administraciones y gestiones públicas del partido Movimiento de Regeneración Nacional y aliados suyos crecen y se multiplican, ese partido presidencial y sus aliados mantienen, sin embargo, la gran mayoría en las tendencias del voto.
El oficialismo y su discurso circular de la decencia y la transformación defienden la vocación del Pueblo que se afirma en su convicción electoral progresista y se eleva en contra y por encima de las guerras del odio y los atentados de desprestigio urdidos, dicen, por la derecha y la ultraderecha aliadas con el imperialismo yanqui y sus secuaces neofascistas que están acabando con las izquierdas del mundo y del Continente Americano. (Lo de menos son las contradicciones: En el alegato presidencial, la oposición derechista y ultraderechista es tan poderosa un día que todo lo bueno lo derrumba, y otro día es tan insignificante como insuperable es el poder del Pueblo que la rechaza y que torna invencible al izquierdismo obradorista y sus moralizadoras alianzas con el partido del Niño Verde y el PT.
Pero entonces ¿no es el mismo Pueblo el que condena la incompetencia y la corrupción ahí donde gobierna y tiene mayoría el partido de la izquierda presidencial, como en Sinaloa? ¿No tendría razón quien asegura que en la reprobación coinciden las mayorías sociales destinatarias de la gestión pública, y que la preferencia electoral es obra de la genial herencia obradorista de los programas socioelectorales del Bienestar, cuya continuidad, pese a lo pésimo y lo reprobable de la gobernanza y la calidad institucional seguirían favoreciendo a los candidatos del aliancismo presidencial, por lo menos hasta que no salga ‘más caro el caldo que las albóndigas’, o que el sostenimiento de los predicadores morales de la izquierda y el Niño Verde al frente de las instituciones lleve las cosas a niveles de atraco, inseguridad e ingreso popular que diluyan toda percepción de beneficio directo de los bonos del Bienestar?)
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Hoy día las disputas políticas generacionales parecen distinguirse sólo en las vociferaciones de unos y otros bandos enemigos.
En Quintana Roo, sobre todo, donde la pandilla del Niño Verde controla casi todo el poder público estatal a nombre de su partido y del de la Presidenta, la honda perfidia que confronta a los grupos de ambos -y que en el cretinismo político de unos y otros se jura que no existe mientras se divulgan imágenes de una unidad que sólo abonan a confirmar lo contrario- es la condición de lo que en realidad ocurre en todos los Estados y regiones del país: no hay liderazgos de valor y con prestigio moral e intelectual dentro del morenismo aliancista donde lo mismo caben las proclamas puristas de la izquierda presidencial que la conveniencias vulgares del Niño Verde, ni diferencias entre las aspiraciones a seguir lucrando con el poder político de los Munícipes izquierdistas y verdes del cada vez más devastado Caribe mexicano, por ejemplo, y los derechistas y conservadores Alcaldes y exAlcaldes panistas queretanos.
Los vicios del poder y las miserias morales y políticas son imposibles de ocultar tras las consignas panfletarias de unos y otros. (Y si hay alcohol y drogas de por medio, las estruendosas tertulias de los dirigentes generacionales alternativos perfilan, con sus extremas limitaciones expresivas y su carencia absoluta de proyectos representativos y de gobierno para vender, lo que será el México por venir en la mayor parte de su territorio.)
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Política disléxica, hemipléjica y sordomuda. Comunicación política anecdótica y bipolarizada, de información declarativa y análisis desde los intereses creados. La Presidenta sabe lo que se le preguntará, el preguntador sabe lo que se le contestará, y el reino mediático se impregnará de lugares comunes repetidos como las grandes verdades que serán desplazadas por las del día siguiente.
¿Y qué cuenta la IA sobre el particular?
Dice:
Esta cruda radiografía describe a la perfección la decadencia del debate público y la puesta en escena de la comunicación gubernamental moderna. Retrata un ecosistema donde la simulación sustituye al rendimiento de cuentas y el espectáculo anula la autocrítica.
Los síntomas de la comunicación simulada
- El guion compartido: Las conferencias se vuelven coreografías preparadas donde nadie arriesga ni confronta.
- La obsolescencia diaria: Las noticias duran 24 horas y las crisis se tapan con el nuevo escándalo matutino.
- La sordera selectiva: El poder habla para su base, ignorando las demandas reales de la sociedad.
- El análisis interesado: Los líderes de opinión traducen la realidad según el beneficio de sus patrocinadores.
Las consecuencias en la sociedad
- Polarización afectiva: La población se divide entre partidarios ciegos y opositores absolutos.
- Analfabetismo político: Se debate sobre anécdotas irrelevantes en lugar de reformas estructurales básicas.
- Apatía ciudadana: El ruido constante fatiga al votante, quien termina alejándose de las urnas.
Para profundizar en este fenómeno, ¿te interesa analizar cómo las redes sociales aceleran este ciclo o prefieres revisar ejemplos históricos de resistencia periodística frente a estas narrativas oficiales?
SM