El Mencho y el anexionismo

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Signos

Trump lo decidió, Claudia cumplió a cabalidad (entre un formalismo discursivo soberanista y una operación política eficaz: discreta y al hilo de un constitucionalismo consecuente con una cooperación ‘americana’ de alto impacto pero debidamente convenida, acotada y de objetivos de seguridad compartidos) y a Harfuch se le cumplió uno de sus principales propósitos y se quitó acaso el mayor peso de encima: cayó muerto su más peligroso y jurado enemigo, quien intentó cazarlo y a punto estuvo de lograrlo mediante una cruenta emboscada en la Ciudad de México de la que herido y todo logró escapar, cuando el ahora jefe de la Seguridad federal lo era del Gobierno capitalino durante el mandato de la actual Presidenta de la República.

Muy bien, pero ¿por qué Andrés Manuel López Obrador en lugar de aceptar la colaboración estadounidense contra el ‘narco’ decidió durante su gestión presidencial estigmatizarla y condenarla como una peligrosa campaña intervencionista, defendiendo el alegato de las amenazas del colonialismo y el anexionismo yanqui de los tiempos del expansionismo de Polk y el entreguismo de Santa Anna (o de cuando Estados Unidos no terminaba de ser la Unión Americana y México era apenas un vasto paraje inconexo y desconocido, de asentamientos dispersos y cacicazgos ajenos al poder del Centro, en conflictos facciosos interminables y apenas llamado nación tras menos de tres décadas de inasible independencia)?

¿Por qué hacer saber a los grandes grupos criminales mexicanos que ese patrioterismo presidencialista estaba de su parte y que les garantizaba mayor impunidad, porque a las debilidades de un sistema inoperante y corrompido de Justicia y a la renuncia de enfrentar su poder de fuego con el de la tropa se sumaba la condena, como intento de injerencismo imperial, de toda convocatoria estadounidense de coordinación bilateral para combatirlos?

Y mientras se intensificaba la propaganda pacifista de ‘abrazos, no balazos’ y de combatir la pobreza como la causa estructural del narcoterror -en la virtud de que los espíritus criminales y sanguinarios e inmorales eran sólo inventos de la maldad ideológica y del neoliberalismo enemigo, y los pobres eran todos tan nobles, tan íntegros y tan puros como absolutamente todos los pueblos originarios no tocados por la Conquista y el mestizaje y sólo se corrompían y delinquían por necesidad-, y la guerra armada emprendida por el ahora exPresidente Felipe Calderón contra el ‘narco’ venía muy bien al populismo obradorista porque lo eximía de culpas y responsabilidades mientras su causa ganaba elecciones; mientras todo eso estaba en el tablero nacional de la inseguridad ¿no podía entenderse, y no se entiende ahora, que estaba favoreciendo la expansión del crimen organizado; que estaba alentando las alianzas del mismo con unos y otros liderazgos del oficialismo, y favoreciendo el ascenso y la influencia de los jefes criminales en las estructuras del poder público y en el control de las instituciones de los Poderes republicanos en todas las Entidades del país, y que esa simbiosis entre la delincuencia política y el narcoterror sólo potenciaba más y más la violencia, la inseguridad y la ingobernabilidad?

¿Y es extraño, entonces, que con tanto exsicario y exjefe del crimen organizado mexicano informando de sus nexos con el poder político de su país no sospechen los ‘americanos’ o no sepan a ciencia cierta de obradoristas en el poder o ya retirados del mismo que puedan ser carne de presidio, de carpeta de investigación o de extradición a los Estados Unidos?

Pues Claro que Trump puede ser un sujeto despreciable. Pero ¿requiere de invasiones y anexionismos territoriales para ganar influencias económicas a través del combate al narcoterror? ¿Necesita más que sus influencias y sus negociaciones arancelarias y vetos comerciales, rematados con no más que amenazas incendiarias?

Ha publicado y dicho Carlos Slim, el empresario más próspero de México, que Trump es un negociador tan osado y extremo como seguro en sus objetivos. Y puede, en efecto, ser el más narciso y odioso de los demagogos. Pero ¿ha llegado en los hechos al extremo de sus diatribas? Los cambios trumpistas en Venezuela ¿han empeorado al país? ¿Es mala para la seguridad en México la batalla bilateral contra el crimen?

Ahora habrá munición opositora contra el intervencionismo negado en el discurso presidencial y capaz de ser administrado como tal con fines de opinión pública. Pero lo cierto es que ha habido una operación bilateral coordinada exitosa -en todos los órdenes: táctico, político, legal, diplomático- contra un objetivo criminal de muy alta gama, de la que sólo resta esperar remanentes en contra de complicidades políticas del mismo nivel del Mencho, que la cacería llegue hasta sus últimas consecuencias, y que la causa de la Regeneración Nacional pueda regenerarse empezando por deshacerse de sus pesos pesados del poder asociados al crimen organizado.

SM

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