El proceso 2027 en compás de espera

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El minotauro

Por Nicolás Durán de la Sierra

Sin duda, los últimos días han sido de crispada espera electoral. Apenas el lunes, reaparece en la escena Jorge Emilio González, el mismísimo “Niño Verde”, y lo hace en Palacio Nacional para saber de voz de Claudia Sheinbaum, el contenido de la reforma electoral que se presentará al congreso. Gatopardismo puro, dirán unos; se comienza a regular a los partidos, dirán otros.

Como suele suceder en estos casos, ambas voces tienen razón: por un lado, los partidos Verde y PT ofrecieron ya no traficar tanto en su vida interna; y por el otro, la tal reforma no resultó tan fiera: baja un 25% el dinero a los partidos y el número de pluris de diputados sigue igual -hubo cambios en el senado, y se anulan 32 escaños- y al parecer regresó la armonía a la coalición oficial.

En el ámbito casero el regreso del “Niño Verde” no como el patriarca ecologista, sino como achichincle de Manuel Velasco, líder verde en el senado. “Nada más hablé con la presidenta y voy con Velasco para contarle” dijo Jorge Emilio a la puerta del Palacio Nacional. Los giros de la vida, endenantes era al revés. “cosas veredes, Sancho” dicen que dijo el Quijote con ánimo de chisme.

¿Por qué no acudió Manuel Velasco a la sustancial cita? Quizá, porque estaba acalambrado por lo del “Mencho” -los senadores pueden también sucumbir al miedo si son de nervios frágiles-; o porque estaba fría la tarde o por darle juego al “Niño Verde”; un misterio, pero el caso es que éste se asumió (vaya humildad) como el “corre-ve-y-dile” del otro. El trópico en el centro histórico capitalino.

Por lo del subibaja en que ha convertido la sucesión del gobierno estatal y los efectos que pudiera tener el fin de la alianza oficial, hasta hoy el partido Verde ha salido airoso, pero no todo está dicho. Resulta ilógico tomar la figura de Rafael Marín Mollinedo sólo para jugar al “ahí viene el lobo” y tratar de incidir en el proceso en marcha que lleva a Gino Segura a la cabeza.

Además, la presidenta sentenció recién que el futuro de la coalición depende, en la práctica, de la votación que se registre el próximo lunes, cuando ahora sí se envíe la reforma al congreso, es decir, que se amplió el compás de espera. Los voceros de los partidos están optimistas, pero tal optimismo no se ha visto reflejado en el Palacio Nacional o no, al menos, en sus mañaneras.

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