
Signos
Pues pueden no aceptarse o tener muchos flancos censurables las negociaciones del Jefe de Estado de Trump con el castrismo, o entre el cubano Marco Rubio y el nieto y escolta personal de Raúl -Raúl Guillermo Rodríguez, que en contra de lo más recalcitrante del aparato revolucionario parece defender mejor los intereses del liderazgo de su abuelo, en contra, también, de los grupos extremistas y afines al terrorismo del exilio y defensores de una democracia tan plural y tan inclusiva y diversa como la procurada por la genética libertaria de los Posada Carriles y sus sangrientos atentados-.
¿Queda mejor salida en Cuba que la de una transición pacífica y negociada con quien mantiene el control del país, y donde cabrían la apertura económica y el levantamiento del bloqueo, premisas esenciales para un cambio en tanto no hay una oposición representativa de las mayorías cubanas pero sí la oportunidad de un mejoramiento cercano de las condiciones de vida de la población y en las alternativas políticas y de representación popular?
Y en el horizonte de esas querellas de liberación que libran las potencias del mundo por ‘territorios’ ajenos y donde se enfrentan fuerzas ideológicas afines a uno y otro bando, ¿era mejor negociar en Venezuela con una oposición proyanqui pero sin influencia social y sin capacidad de contrapeso al chavismo gobernante, o con el sector aperturista del socialismo y sabedor de que la defensa del dogma tiene fronteras de grupos e intereses, y suele ser más demagogia que compromiso verdadero?
¿Era mejor, en tal contexto, invadir México desconociendo la fuerza política de su izquierda presidencial para combatir al ‘narco’ (cuando la oposición, víctima de su corrupta capacidad autodestructiva, sigue siendo irrelevante para el electorado), en lugar de pactar una campaña compartida y de intereses comunes de seguridad que redujera al mínimo los saldos adversos?
Aprovechar las circunstancias, recomendarían Maquiavelo, el pragmatismo de los tiempos y el sentido común, cuando en el mundo los argumentos morales y del Derecho Internacional han dejado de encubrir las disputas territoriales por las regiones estratégicas de control, los mercados (progresivamente estrechos), las fuentes de energía, y los ahora cada vez más caros y más ralos insumos planetarios de la industria digital, la de los tiempos civilizatorios tan vertiginosos como terminales.
¿Habría qué elegir entre el bloqueo ‘americano’ y las alianzas chinas y rusas? Si los intereses chinos y rusos no son ideológicos sino económicos, y si se trata de elegir, ¿tendrían que privilegiarse las relaciones con las lejanías si Cuba y Estados Unidos llegaran a ser socios comerciales, como ocurrió con Vietnam tras la sangrienta guerra y el triunfo comunista en el país asiático?
Trump puede llevar las cosas al extremo para negociar. Raúl -a sus 94 años- también. ¿Es del interés real del primero una democratización cubana inmediata y pluralista -más allá del desparpajo de su palabrería y de sus desplantes protagónicos excesivos-, y cuando no hay siquiera liderazgos populares democráticos y cuando cunde el fuego faccioso entre castristas y opositores? ¿Conviene al segundo el derrumbe revolucionario antes que transigir hacia un socialismo aperturista y un capitalismo concurrente como en cualquier país del mundo y del modelo de Estado que se quiera?
Y sí, los idealismos pueden ser muy libres. Pero cuando se reducen a consignas confrontacionistas y fanáticas irreconciliables no pasan de esas descargas de impotencia que sólo liberan rencorosa adrenalina justiciera entre los bandos enemigos.
En los tiempos de una decadencia sin mañana, los principios y las virtudes morales en la vida pública y los intercambios globales van reduciéndose a los arquetipos algorítmicos de ganancia del aquí y ahora. Y en las confusas relatividades entre el bien y el mal donde la salvación de los pueblos y las libertades son, cada vez más, meras arengas oportunistas de vividores de la democracia panfletaria y donde las conquistas de los liderazgos menos peores son apenas pírricas entre el generalizado e infecto matorral de las mafias y los simuladores y hay que celebrarlas como lo único a lo que puede aspirarse en las guerras por el poder que pintan la deshumanización del fin del mundo, los absolutos en discordia sólo hacen el coro desaforado en la galería del circo romano del debate crítico.