
Signos
Sí, las reformas electorales de los vividores.
Donde la trampa grande no está en lo que se ve y en lo que se discute, sino en lo que no se ve.
Reside en los financiamientos negros.
No en los transparentes que reparte el INE, desde luego, que pese a ser tan desorbitados para las miserias que producen son apenas la tercera parte. Sino en el resto, en los mayoritarios y decisivos, en los de las otras dos terceras partes; los que, en lo oscurito, reparten los Gobernadores y los Alcaldes saqueando el erario, y los que aportan del mismo modo -en lo oscurito y bajo la mesa- los grupos empresariales y del crimen organizado; los que el también costosísimo aparato de supervisión de los comicios -como casi ninguno en el orbe, ni en Estados Unidos, donde todo corre por cuenta de los Colegios Electorales de cada ocasión y las querellas se dirimen en las Cortes generales parlamentarias y judiciales de siempre- y a pesar de sus dimensiones y su existencia perenne y replicada en cada Entidad no tiene capacidad ninguna de rastrear y sancionar, y con los que, más que con los legales, amenizan sus parrandas proselitistas, violando todas las reglas posibles de la competencia -ya de por sí abstractas en buena medida; confusas, imprecisas y legisladas sin rigor procesal; con toda suerte de absurdos y arbitrariedades potenciadoras de juicios poselectorales igualmente poblados de incoherencias y subjetividades interpretativas, como las relacionadas con cuotas de género, de etnicidad, de discapacidad y demás ocurrencias de la politiquería inclusivista que termina siendo discriminatoria de los derechos generales propios de la igualdad humana-, las mismas plagas representativas de la voluntad popular que siguen haciendo el mismo país de oportunistas que lucran con ese esperpento democrático en que se incuban los imperios particulares de personajes tan ilustres como el Niño Verde y tantos similares de la industria partidista.
Porque, con pelos y señales de primera mano, el exConsejero Presidente del Instituto Federal Electoral -hoy Instituto Nacional Electoral, INE-, especialista en elecciones y consultor político, Luis Carlos Ugalde, Director de Integralia, asegura que los comicios mexicanos, además de ser de los más costosos del mundo civilizado son de los más turbios e ilegítimos en términos de financiamiento, en tanto dos terceras partes del costo de las candidaturas proceden de fuentes ilícitas.
Es decir: el sufragio es altamente caro, y la mayor parte del mismo responde al interés de los inversores en sus candidatos para que defiendan sus particulares intereses:
Se sigue comprando el voto, se sigue orientando la propaganda hacia sus objetivos fácticos, y se sigue haciendo del electorado incivil la misma clientela del cambio democrático del nuevo milenio, cuando tanto fue celebrada en el dos mil la alternacia panista en el poder presidencial, y cuando su inoperancia y la pluralidad política corrompida que dispersó el poder del Estado Nacional antes concentrado en el partido de la Revolución y ahora atomizado en nuevos cacicazgos partidistas y grupos regionales gobernantes, favoreció, asimismo, la fragmentación y la multiplicación de las bandas del narcoterror que ahora encontraban autoridades autónomas débiles a las cuales sobornar y someter.
Y en ese entorno creció la causa opositora de la regeneración moral, con un liderazgo carismático y populista cuya herencia del Bienestar (y sus programas tan sociales como electorales) sigue ganando elecciones, pero que en casi todo el país es representado por expriistas y grupos gobernantes de la misma especie de la industrialización proselitista del sufragio -en la que participan empresarios y jefes criminales que en muchos casos han mutado, ellos mismos, en Alcaldes, Legisladores y líderes políticos con otras investiduras-; obradoristas que han hecho de la Regeneración Nacional, como antes panistas y priistas con sus propias banderas democráticas, escudos de impunidad para los negocios de la violencia, el delito, la inmoralidad y la inseguridad, que con el IFE o con el INE y con todos los tribunales y leyes y reformas constitucionales para la defensa del sufragio y la voluntad de las grandes mayorías electoras han hecho del país ese destino de mediocridades y simulaciones democráticas donde lo que menos importa es quiénes son los representantes populares ni si lo son por la vía del sufragio directo o de la representación proporcional, sino quién, en realidad, los ha elegido como candidatos, con qué parte del financiamiento negro han sido costeadas sus candidaturas y sus campañas de propaganda, quiénes son sus padrinos, y a las conveniencias de qué gobernantes y grupos del poder político y del crimen organizado son a las que se deben.
SM