
Signos
Muy bien: que se aplique la norma de las responsabilidades federalistas en el caso de la Gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, y sus tratos anticrimen con el Gobierno estadounidense, aunque gracias a ellos se hayan desmantelado algunas de las más grandes instalaciones del ‘narco’ para la producción de drogas en el país y en cuyas operaciones participaron elementos de las Fuerzas Armadas.
Y que, del mismo modo, se investigue si la Presidenta, Claudia Sheinbaum, nunca se enteró de las tan benéficas ilegalidades del caso y si no incurrió ella misma, en efecto, la Presidenta, en la también flagrante falta de no haberse enterado en absoluto de las ilegalidades de la Gobernadora estando al frente del vasto aparato de seguridad del país y de los mandos civiles y militares que controlan los sistemas de Inteligencia de dicho aparato federal, y en cuya lógica es casi imposible creer que la Jefa del Estado Nacional no sabía nada de nada.
Porque como tanto diría el Presidente López Obrador para condenar en las diatribas de sus Mañaneras fundacionales al panista Felipe Calderón (nunca en los tribunales, claro está, porque en México la Constitución suele usarse en la política como un arma metaconstitucional con meros fines pragmáticos y coyunturales), cuyo Secretario de Seguridad Pública durante su gestión presidencial, Genaro García Luna, sería sentenciado luego en Estados Unidos como un socio del ‘narco’: el Presidente de la República y Jefe del Estado es la persona mejor informada del país.
Lo dijo.
Pero lo calló cuando se supo que su propio Secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, tuvo también a un jefe del ‘narco’ como Secretario de Seguridad cuando fue Gobernador de Tabasco: Hernán Bermúdez Requena.
Y tampoco lo dijo cuando se descubrió que los sobrinos de su Secretario de Marina, José Rafael Ojeda Durán, negociaban con el vasto tráfico de combustibles de sus días presidenciales.
Que todo se investigue, pues, en el país de las mentiras ciertas y de la curiosa causa ideológica de la regeneración moral.
SM