¿Cuál es el partido de la regeneración moral?

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Signos

A ver, a ver, a ver: si la Gobernadora es de Morena, o el partido Movimiento de Regeneración Nacional; y si su candidato a sucederla, el Senador Eugenio Segura, es de Morena; y si el otro contendiente sucesorio de la Gobernadora es Rafael Marín, Director de la Agencia Nacional de Aduanas de México y fundador del partido Morena, el mismo de la Gobernadora y de su candidato Segura, en Quintana Roo, ¿qué pitos tocan, en dicha disputa por la candidatura del Partido Morena para la sucesión del Gobierno quintanarroense, el Partido Verde y su dueño Jorge Emilio González Martínez?

¿Por qué depende tanto de las negociaciones con la dirigencia nacional del Partido Verde, aliado del partido Morena, en lo relativo a la reforma electoral  promovida por el partido presidencial, la designación del candidato gubernamental en Quintana Roo del partido en el poder en el país y en Quintana Roo, es decir del partido Morena, que es el de la Presidenta de la República y el de la Gobernadora quintanarroense?

¿Es que acaso la administración del Partido Verde Ecologista de México es tan importante que decide tanto como la Presidenta de la República y como la Gobernadora de Quintana Roo sobre su propio partido, el Morena, y sobre el país mismo y el Estado que gobierna el partido oficial? ¿O es que hay en todo eso un revoltijo de intereses de los mil diablos donde quienes menos cuentan son los ciudadanos del país y del Estado caribe, y donde acaso un ‘partidito’ propiedad de un extorsionador político es capaz de condicionar, sin haber ganado nada en las urnas, las decisiones de Gobierno de Entidades Federativas tan ricas como la del Caribe mexicano?

(Un partidito representativo de no más que minorías espurias, más escatológicas que ecologistas; dueño de una proporcionalidad inventada, ficticia, fáctica y negociada en las mesas de conveniencia de aquella pluralidad parlamentaria que llevó a la pocilga de la reforma electoral vigente, pero donde el oficialismo obradorista encontró el aliado disponible del oportunismo ocasional a cambio de recibir de él la minucia de votos que hicieran el mayoriteo de sufragios que necesitara. Un partidito ese, que se echó encima; el del mercenario que cobra sus favores con réditos de crimen organizado.)

Sin un candidato sucesorio de su partido, sin electores de su partido, sin programa electoral, sin fuerza popular, ¿se puede, en una democracia civilizada, ser tan determinante, como se es en las decisiones del partido y del Gobierno más votados en Quintana Roo y en México, y donde más que un partidito parece, ese Verde, una colosal franquicia tiburonesca?

En fin: se ve como una cosa entre rufianes haciendo negocios de poder, traicionando electorados, usurpando decisiones e investiduras populares, condenando imposturas e hipocresías ideológicas opositoras, y defendiendo humanismos feministas y regeneraciones morales y nacionales para honrar al ‘Pueblo’, mientras se hacen alianzas en el lodo donde lo que más se condena en la propaganda identifica por dentro la naturaleza de los jefes de uno y otro bando: de la misma e irrenunciable sociedad política del crimen.

La especie politica de hoy día es tán pérfida y tan transparente, que apesta más que cualquier pasaje de la vieja historia del poder.

SM

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