
Signos
Andy es ahora el más célebre desvisado por los Estados Unidos y el candidato natural, por tanto, cual heredero del padre fundador del evangelio de la regeneración moral, a Coordinador Nacional de la Defensa de la Transformación.
El injerencismo imperial de Hernán Cortés y Donald Trump, y la frenética izquierda presidencial defensora de la soberanía de los pueblos originarios enemigos de Calderón, así lo exigen, y todo apunta a que, de hecho y desde el puente de mando de La Chingada -toponímico que puede suplir al de Palenque y al del mismo México-, ya está decidido y ya ha sido destapado como la gran corcholata sucesoria.
Ebrard, que sí tiene garantizada la visa del injerencismo y es bien visto por los enlistados enemigos ultraderechistas -del ecosistema digital- de Palacio Nacional y es, por tanto, un traidor a la patria morenista, deberá buscar otro partido. El Pueblo, el de la república integrada de los pueblos originarios, no es el suyo. Su destino no ha de ser, entonces, el de Candidato a Coordinador de la Defensa de la Transformación. Se acabaron las corcholatas del Maximato. Así lo ha decidido la cúpula moral del partido obradorista del Bienestar.
(Los indicios son inequívocos, en el país de la política de herencias y tradiciones tricolores donde “no mentir, no robar, no traicionar” es una frase de propaganda partidista, y donde se sabe a ciencia cierta que “la forma es fondo”, “la moral es un árbol que da moras”, y “la democracia es tan transparente que no se ve”.)
SM