
Signos
Hitler no era un tonto sino un genio perverso en gran escala. Como Stalin, pero anticomunista. Como Gengis Kan pero más impaciente y ensimismado. Y en la superpotencia actual no se llega a millonario y a gobernarla en dos periodos siendo un imbécil. Hay que saber capitalizar la ocasión y la masividad de los alucinados electores para intentar transformar una crisis de decadencia en oportunidad de resurrección de los fueros de conquista y de los nuevos arios ‘elegidos’.
El problema de los genios perversos es su narcisismo infalible y su desconocimiento de los límites. Pero no deciden de manera arbitraria la expansión de sus fronteras de terror. Sino mediante la subordinación a su absolutismo natural inapelable de otros genios: los que administran la inteligencia de vanguardia en sus metrópolis y en sus dominios coloniales (hoy día los dueños de los aparatos de los dígitos secretos que pueden gobernar los sistemas financieros y militares).
Ha sido desde el principio de los tiempos. Y fracasan de manera natural cuando sus desvaríos insólitos desbordan las fronteras del interés ajeno y convocan la ofensiva simultánea de fuerzas enemigas cuya suma somete al desbocado invasor.
Hoy el mundo es territorio de piratería y despojos coloniales con logísticas de abordaje de última generación y leyes tan respetables como las anteriores a las de la barbarie medieval. Venezuela puede ser la Cuba de la Guerra Fría en el último umbral del pensamiento, de la cultura y de la gente que habla con lenguaje de signos y significados.
La circunstancia es más peligrosa que la de los tiempos de los liderazgos dialogantes como los de entonces en medio de la amenaza nuclear. Porque el hocico delirante de Trump de hoy día es sólo el de la violencia y los misiles que no puede ser contenido sino por lo que quede de humanidad en los poderes globales adversarios. Europa sigue siendo la impotencia de la Segunda Guerra y en el reto de Groenlandia hace lo mismo que contra el avance de los nazis sin obstáculos sobre sus fronteras.
El terrorismo de Washington se despliega en dos frentes, como el de la Wehrmacht. Y sólo faltaría que Kim Jon-un se vistiera de libertario.
(¿Y las poblaciones? Pero que importan, hoy día, las poblaciones. Las heroicidades son vestigios ideológicos. Quién tiene el poder de amedrentar y confrontar cuando se agotan los energéticos y las ‘tierras raras’ para seguir sosteniendo el poder en el angosto nuevo mundo. Es lo que importa.)
SM