
TULUM.- El hotel Azulik, uno de los desarrollos más emblemáticos de Tulum, se encuentra nuevamente bajo el escrutinio público tras la revelación de documentos oficiales que sugieren graves irregularidades en su expansión sobre la Zona Federal Marítimo Terrestre (Zofemat), operando presuntamente con una infraestructura que cuadruplica lo autorizado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
De acuerdo con el título de concesión DGZF-968/06, otorgado originalmente en septiembre de 2006 a la empresa Impulsora y Promotora Caray S.A. de C.V., el complejo solo tenía permiso para ocupar una superficie de 4 mil 791 metros cuadrados. Dicha autorización era restrictiva: solo permitía la operación de siete cabañas ecológicas de madera y estructuras complementarias, prohibiendo explícitamente cualquier ampliación adicional.
Sin embargo, registros actuales y la propia oferta comercial del establecimiento confirman la existencia de al menos 48 cabañas. Este crecimiento desmedido se habría realizado sobre propiedad de la nación, lo que no solo representa una violación a los términos del contrato de concesión, sino un posible delito ambiental y patrimonial.
Impacto en un Ecosistema Frágil
Especialistas en conservación advierten que este desarrollo ha rebasado con creces la capacidad de carga del ecosistema costero. La densificación de la zona impacta directamente en la dinámica de las playas y pone en riesgo hábitats críticos, incluyendo áreas de anidación de tortugas marinas, especie protegida por normas federales.
Omisión de Autoridades
El caso pone bajo la lupa la actuación de las autoridades responsables de la vigilancia. La falta de inspección por parte de la Semarnat y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ha permitido que el complejo crezca por encima de la ley.
Asimismo, se señala la corresponsabilidad de la Dirección Municipal de la Zofemat en Tulum, bajo la administración de Diego Castañón, la cual, por convenio de coordinación federal, tiene la obligación de supervisar que los concesionarios cumplan estrictamente con las condicionantes de sus títulos.
Esta situación reaviva la preocupación sobre el modelo de desarrollo en Tulum, donde el avance de proyectos turísticos en zonas de alta sensibilidad ambiental parece ocurrir ante la complacencia o incapacidad institucional para contener los daños. Mientras el destino continúa explotando su imagen de “eco-chic”, el equilibrio ecológico que le dio fama se encuentra bajo una presión que podría ser irreversible.