
Signos
Si no se acaba con el oportunismo oneroso y delictivo de los Legisladores plurinominales o de la llamada Representación Proporcional; si no se acaba con eso, como tanto prometió el obradorismo que se cumpliría tras su histórica reforma electoral -con la que limpiaría, por fin, los establos de la peste de los caciques partidistas que siguen lucrando con tal piltrafa representativa que sólo sirve a ellos y no a la voz de las minorías, a la democracia verdadera y al interés general-, el sistema político mexicano seguirá a merced de las mafias partidistas más depredadoras, que con tres dedos levantados en las cuevas parlamentarias continuarán definiendo los mayoriteos del caso y decidiendo en su favor el destino del país en todos sus ámbitos republicanos.
Y sólo se confirmará, entonces, el tipo de delincuentes que seguirán haciendo los grandes negocios políticos, fiscales, inversores y del crimen organizado en Entidades como Quintana Roo, donde ya deciden todo. Donde tienen a todas las autoridades parlamentarias y jurisdiccionales a su merced. Donde la ingobernabilidad y la anarquía son el sello de la cotidianidad. Y donde las violentas bandas privilegiadas por la impunidad gobernante disponen de la vida hasta de las comunidades indígenas más pequeñas y remotas -abastecidas de cadáveres que apila la ausencia absoluta de la autoridad-, lo mismo que de las ciudades turísticas más importantes y de mayor y más libertino consumo de drogas de América Latina -Cancún, Playa del Carmen y Tulum entre ellas, donde tampoco cesa la extorsión, la prostitución y demás giros asociados al narcoterror-, y de los territorios fronterizos sureños, urbanos y rurales, donde ocurren todo tipo de operaciones internacionales de tráfico de drogas, tabaco asiático y mercancías prohibidas bajo el control del ‘narco’ dominante y de su sociedad con la delincuencia política verde invencible en la región del Caribe mexicano.
SM