No a la defensa soberana en la frontera histórica del Sur, sino en la masividad electoral que más ruido hace

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Signos

Qué grotescos son los desplantes del grupo político presidencial y del verde que gobierna y domina Quintana Roo con la misma marca y el color militante de la Presidenta, contra la población de Chetumal, la capital quintanarroense, y de su Municipio, Othón P. Blanco.

Sí: importa la masividad electora de las urbes turísticas (tan representativas que son de la ingobernabilidad, la incompetencia y la corrupción, factores de su violencia, su anárquico crecimiento y su vertiginosa degradación). Y, de hecho, a las dirigencias y grupos partidistas cupulares que se disputan los ‘poderes representativos del pueblo’; al lumpenaje político faccioso y cada vez más iletrado e indiferenciado, es lo único que importa: el gran mercado de votos a comprar o a conseguir a cualquier precio en una democracia y una civilidad del mismo pelaje.

Lo de menos es que el sur fronterizo se hunda entre la absoluta parálisis económica y la marginalidad social. Que las comunidades rurales se mantengan en el atraso, el abandono y el olvido. Que las urbes y los ámbitos turísticos se deterioren en la misma ruinosa inercia fiscal, ambiental y demográfica; entre el sargazo, la inseguridad y el descenso de las preferencias y la calidad turísticas; entre la sostenida pérdida de patrimonios naturales y presupuestales, y de una calidad de liderazgos públicos y de gestión institucional que ha llegado a la insolvencia absoluta para legislar, administrar y promover iniciativas que algo valgan en términos de contener los males del crecimiento sin ley, y generar rentabilidad suficiente del erario y obras y servicios sustentables y capaces de reducir al mínimo su déficit ante la demanda social.

Lo que importa es la masividad electora, la movilización multitudinaria, el pan y circo del griterío iletrado. No al injerencismo, proclamas por el soberanismo patriotero, defensas panfletarias de lo que la insolvencia crítica y la sordera militante no identifica o se niega a identificar con las verdades de la impunidad que se prodiga a la delincuencia política de la regeneración moral del obradorismo verdemorenista.

Panfleto y movilización. El recurso ante la pérdida de todo lo que sirve. El arrastre y el manipuleo de los convencidos del Bienestar. Todo eso que al cabo termina convertido en autoatentado y en fuerza que hace resurgir de sus cenizas a la más desacreditada y reducida de las oposiciones. Al panismo, por ejemplo, y a sus más repudiados representantes y voceros, a los que habrían de unirse un día los verdes, como ya lo hicieron antes, y como lo harían de mil amores y sin duda alguna cuando el poder de su obradorismo aliado acabe como un día el priismo y el perredismo de su procedencia.

SM

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